Las encuestas y la pre-verdad

- 23 de septiembre de 2020 - 14:21

Un estadístico podría meter su cabeza en un horno y sus pies en hielo y decir que en promedio se encuentra bien. Lo mismo puede sucederles a las encuestadoras que aparecen cada vez y cuando están cerca eventos electorales.

En los últimos días han aparecido encuestas “serias, científicas, objetivas, imparciales, internacionales y hasta objetivas”. Cada una más sexi y seductora que la otra.

Para un ciudadano medianamente informado, aparecen tres candidatos con altas posibilidades de disputar la presidencia de la República. Lo que no está claro aún es si aparecerá un outsider, es decir aquel candidato que se halla al margen o fuera de las tendencias más comunes. La contienda se encuentra muy cerrada y creemos que será difícil su aparecimiento.

Las encuestas para aquellos votantes que ya han seleccionado su candidato desde hace mucho tiempo, no agregan ningún elemento para su deliberación. Por ejemplo, esos electores que están atentos a las directrices desde Bélgica no tienen, como casi siempre, ni siquiera que pensar.

Hay otro grupo de ciudadanos que, si bien siguen el día a día de la política nacional, aún se hallan frente al dilema de si tentar suerte con su presidenciable con poca opción o, votar de manera práctica por el candidato con mayor presencia en el tiempo y en el territorio nacional.

Pero hay otro conjunto que no conocen ni la fecha de las elecciones, menos aún los nombres de los jugadores que participarán. Verbigracia, en un sondeo aplicado a doscientos estudiantes universitarios, tan solo cuatro tenían noticias sobre los diferentes candidatos, aunque no saben aún por quién votarán. Para este grupo, las encuestas se convierten en una polla hípica ganadora. Esta herramienta de medición de opinión pública les convertirá en triunfadores. Pues, no importa que su voto contribuya a una opción política y su desconocido proyecto. Lo que interesa es que ese ciudadano gane como si fuera un juego de bingo o ruleta rusa… 

Y es aquí donde las encuestas, en perverso concubinato con empresas de trolls contratadas por partidos políticos o grandes corporaciones, generan y procrean pre -verdades. Aquí la verdad ya no es resultado de la reflexión. Es un producto más de ingeniería social. (O)

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