En bicicleta a Zumbahua

26 de enero de 2013 - 00:00

Se cuenta que Alejandro Magno tenía, bajo su almohada, “La Ilíada” del divino Homero y una espada. Esas dos armas, dice Borges. Su padre, Filipo de Macedonia, encargó a Aristóteles para que fuera su tutor. Además, irónicamente bajo su mando, el mundo griego pudo dominar al persa.

Además de la metafísica, ¿qué más pudo enseñarle Aristóteles a aquel joven que habría de conquistar un orbe? Acaso, en la alta noche, el sabio griego pudo repetirle una de sus máximas: “Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo”.

Pienso en lo que Simón Rodríguez pudo inculcar al huérfano más rico de Venezuela, Simón Bolívar, al punto que, años después, frente a las siete colinas de Roma juraría que liberaría a un continente. Es posible que en la sabana le repitiera una frase: “Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra”.

Estas dos historias tienen un motivo: la búsqueda del maestro. Esto a propósito de la campaña electoral. ¿Qué tiene que ver? Simple, pienso en los preceptores de los candidatos, en lo que aprendieron en sus vidas, en lo que su historia personal definió la manera como entienden la política. Si alguien es capaz de levantar colchones o fundas de arroz, aunque nunca lo haya hecho, para entregar en un barrio pobre, algo nos dice de su historia; si por acullá, caminan por el barrio repartiendo sonrisas, aunque les arrastre la memoria del peor atraco a un pueblo, algún resquemor debe tener su alma… Si por el contrario, olvidaron que unos “forajidos” los libraron de morir en el intento, una extraña sensación deben sentir al caminar por ciertos lugares. En fin, hay otros ejemplos.

En esta época es bueno volver a Lao Tse: “Quienes pueden utilizar el poder de los demás son aquellos que pueden ganar los corazones de la gente. Aquellos que pueden ganar los corazones de los demás son siempre personas que están en paz consigo mismas. Aquellos que están en paz consigo mismos son flexibles y complacientes… Las obras de aquellos que ganan a sus iguales mediante la complacencia son insondables. Así, pueden amasar ‘no victorias’ en una gran victoria”.

Esta campaña tiene varios caminos, uno es irnos de bruces hacia el pasado, otro es consolidar una etapa, una época. Los retos son nuevos, pero una señal nos da el candidato que va en bicicleta por un país que no es el mismo. ¿Qué maestros recordará de sus orígenes en Zumbahua? ¿Que no hay cambio sin la praxis liberadora del pueblo, como decía Taita Leonidas Proaño?