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Felipe Rodríguez

Elecciones cerebrales entre elecciones populares

25 de enero de 2021 00:00

Mientras vivimos el circo de candidatos con afectación cerebral a causa de “escopolamina”, que confunden garrafal con catastral, Contraloría con Contaduría y hasta creen que aquí existe Reserva Federal, en otro espacio de la sociedad se celebran otras elecciones, donde los candidatos sí deben cumplir con requisitos profesionales y académicos, es decir, un espacio donde la capacidad cerebral de los candidatos está impuesta por la ley.

Me refiero a que, al mismo tiempo que las elecciones presidenciales donde cualquiera puede candidatizarse, se celebran las elecciones para la Presidencia de la Corte Nacional de Justicia, cuyo ganador será el máximo representante de la Función Judicial del Ecuador.

Empecemos por lo que nadie sabe y cuya confusión es entendible: el Presidente del Consejo de la Judicatura no es la máxima autoridad de la Función Judicial. Claro, nos acostumbramos a que un tal Jalkh y su combo, con solo levantar el teléfono, haya administrado injusticia, sin embargo, poco a poco han aparecido jueces probos, capaces de sacudirse las cadenas que los tiranos están acostrumbrados a imponer.

Créanme, sin Justicia ni las carreteras ni las hidroeléctricas tienen utilidad. Sin Justicia el cemento sirve para transportar muertos, no humanos vivos que gocen de sus Derechos.

Por ello debemos aspirar que a esta alta dignidad se postulen únicamente los y las jueces de la Corte Nacional cuyo nombre esté limpio, cuyo apellido brille en lo alto, cuya capacidad jurídica no esté en tela de duda, cuya preparación académica sea envidiable, pero sobre todo, quien sin miedo se haya jugado el pellejo contra los poderes de turno o de facto, respondiendo siempre a la ley.

A la Justicia le urge recuperar su credibilidad y, por ello, quien gane esta presidencia debe ser alguien cuya honestidad y cerebro sea prueba de fuego. Aquí no hay espacio para jueces timoratos, sumisos o de aquellos que hasta el día de hoy reciben en sus oficinas a funcionarios de Fiscalía o del Consejo de la Judicatura para recibir órdenes.

Estas elecciones cerebrales son, por el momento que vive el país, quizá las más importantes de este siglo. Que no se equivoquen los jueces al votar. Permitan que quien reciba esta investidura sea quien llenará de prestigio a nuestra alta corte, pero además, quien por sus actos pasados sea una verdadera garantía de pulcritud, decencia, solvencia y frontalidad. Que nuestro presidente le agache la cabeza únicamente a la ley.

Velasco decía que la revolución debe hacerse primero en nuestras almas. La verdad es que la revolución será útil si se hace primero desde nuestras cortes.

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