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El Telégrafo

El Vaticano y el dinero

12 de junio de 2012 - 00:00

Dinero sucio embarra al Vaticano y desata una conspiración horrorosa al mejor estilo de Hollywood. Ettore Gotti Tedeschi, banquero, miembro del Opus Dei, amigo del Papa, fue nombrado en 2009 director del Instituto para las Obras de Religión (IOR), con el fin de sanear a esa institución financiera.

Las sospechas de la existencia de cuentas acumuladas en acciones ilícitas, como los dineros de las mafias, se ha confirmado porque se ha descubierto que Matteu Messina Denaro, jefe de los jefes de la Cosa Nostra, tenía a buen recaudo su fortuna, depositada en el banco del Vaticano, claro todo con nombres falsos o testaferros.

“No hay quien gane en crueldad a los hombres de Dios cuando juegan a suplantar al diablo”, dice Pablo Ordaz desde Roma, porque ahora Tedeschi está amenazado y ha debido armar como 47 complejas carpetas, con nombres y detalles de las operaciones bancarias, por si acaban con su vida. ¿Quiénes? Ahí está la cuestión, porque los encolerizados clientes del banco del Vaticano son muchos y de muy diversa procedencia.

Si no era con un tiro en la cabeza, recurso que se ha utilizado muchas veces, para después aparecer en algún basurero; las mafias son también expertas en campañas de desprestigio: a Tedeschi, a más de arrogante, ya se le había montado un entramado que debía desvelar que padecía trastornos mentales. Toda una serie de supuestas pruebas sicológicas así lo demostrarían.

Y el Vaticano: ¿qué hace en medio de todo esto? Esto es lo más desconcertante, porque uno supone que las obras del alma, del espíritu, nada tendrían que ver con pasiones tan rastreras. Pero no, ahí en donde el dinero y sus intermediarios, los bancos, estén presentes, la condición humana se desvela en sus niveles más bajos, más penosos.

El Vaticano es también un conmovedor museo y un conjunto de complejas obras arquitectónicas. Eso es lo que vemos cuando se ha tenido, si se quiere, la fortuna de visitarlo. Pero abajo, en aquello que no vemos, y es lo que suscita asombro, repulsión y hasta terror, se ha cavado esa críptica sordidez tan cercana a los infiernos.

La humildad y el recogimiento, ofuscados por las turbas que visitan las partes más turísticas del Vaticano, son también amenazados por las acciones de los muy terrenales hombres que hacen el trabajo sucio. Manejar dinero, con la pura lógica de la ganancia, mientras el Papa reza, tiene muy poco de celestial. De cuando en cuando se destapan estos asuntos en el Vaticano y, sin embargo, nadie se atreve con lo más alto.

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