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Ecuador/Mar.26/Ene/2021

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Simón Valdivieso Vintimilla

El prólogo…

27 de noviembre de 2020 00:00

El prólogo lo dice todo. Y con eso me refiero al realizado al libro “Estallido, La Rebelión de octubre en Ecuador” cuyos autores al parecer se encuentran deslegitimados con lo escrito por el prologuista. Y es que ahí se reconoce la presencia de un actor distinto al que se dice fue el combustible social de los once días de octubre de 2019.

En efecto se señala “…Arriesgamos como conjetura que el ‘correísmo´, asentado sobre todo en un poder apropiado de manera coyuntural y transitoria por la vía electoral…”, estuvo presente, colegimos.

Cada hombre, al constituirse miembro de una sociedad, se ofrece a defender a los otros, con tal que a su vez los otros lo defiendan a él; y ya se ve que la ganancia es inmensa, porque toda la sociedad que pudiera oprimirlo, se convierte en su favor para defenderlo, decía ese grancolombiano Antonio Nariño.

Con ese pensamiento desprovisto de interés alguno ponemos la mirada en los hechos de octubre de 2019 que durante once días lastimaron a la patria y que hoy están narrados y graficados en dos libros. De su lectura encontramos un denominador común: las fotografías que hablan por sí solas, que son expresión de violencia.

Y es que el mes de octubre en Ecuador está cargado de historia. El octubre de 1820 y el octubre del 2019. El primero que sembró la esperanza de la libertad que aún no la podemos cosechar, y el segundo que le apostó a la destrucción de la patria de Daquilema, Alfaro y Las Manuelas.

“Estallido” no está escrito para los de a pie, por la difícil lectura cargada de un léxico sociológico y por el costo del libro. Sin lugar a dudas que alguien está detrás, y ya tenemos un ligero presentimiento.

El prólogo lo dice todo. Desenmascara lo vivido. El gran ausente fue el combate a la corrupción heredada así como los extranjeros que estuvieron en los incendios.

Los relatos no concuerdan con las lecturas que se hacen. En el quipi del movimiento indígena no hubo carga ideológica. Se reconoce la presencia del “correísmo” como una horda salvaje e inorgánica. No lo digo yo, lo dice el prologuista.