El problema de estar a favor de ganar

- 13 de junio de 2018 - 00:00

No sé en qué momento -o si esto es una constante de nuestra historia- la política se convirtió en “estar a favor de ganar y en contra de que alguien más gane”, como lo escribiría en algún momento Aaron Sorkin. Vivimos un tiempo de catarsis colectiva, exorcizando los demonios de 10 años de una política que pasó mucho tiempo sin ser desafiada, criticada y cuestionada desde adentro, y muchas veces superficialmente atacada desde afuera. Es un tiempo donde los “buenos” y los “malos” son más grises que nunca, pero donde las reacciones son todas en blanco y negro.

El problema principal de la “descorreización” del Estado es seguir creyendo que este es el producto de diez años de Rafael Correa, cuando, en realidad, Rafael Correa se aprovechó de un Estado desinstitucionalizado, corrupto, amarrado y desorganizado, para implantar el modelo al que le pueden dar el nombre que quieran, pero que no es nuevo.

En 2007, el leitmotiv de la Revolución Ciudadana, esa bandera apoyada por la más heterogénea amalgama de movimientos sociales, partidos políticos, asociaciones y ciudadanos, era “recuperar el Estado”, “terminar con la partidocracia”, “devolverle la esperanza al pueblo”, etc. Terminó en un proceso centralizado, autoritario, plagado de corrupción, pero que a nadie le importaba (por lo menos las dos primeras cualidades) mientras “se iban todos” (grupo en cual me incluyo).

Once años después, justificamos a los nuevos mesías por hacer lo mismo, de la misma manera, que aquello que dicen combatir. “Descorreizar” no es un plan de gobierno, es una vendetta. Se han revelado y corregido muchas fallas e ilegalidades de los últimos 10 años, pero lo mismo se puede decir de lo que hizo el gobierno de Rafael Correa.

Es un círculo histórico en el cual se libera al Estado de sus verdugos, pero la guillotina sigue en pie. Por estar a favor de ganar, no importa cómo; por suplir un deseo de venganza antes que buscar la construcción del Estado; por quedar bien antes que por hacer bien, estamos perdiendo una nueva oportunidad para darle forma a un modelo institucional que priorice el colectivo, y no a los individuos con poder. Una oportunidad de crear un sistema donde los procesos están por encima de los mesías. Pero por estar a favor de ganar hoy, nos estamos condenando a las desilusiones del mañana. (O)