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Fredy Lobato

El pavor de ciertos políticos a la educación sexual

19 de diciembre de 2020 00:00

Lo escandaloso de las declaraciones del candidato manabita Universi Mejía, de la Alianza Honestidad, retrata de cuerpo entero a los defensores de posturas antiderechos en cualquier escenario político, pues no son endémicos, a una realidad local, sino que acarrean posturas heredadas de la formación religiosa llena de atavíos y prejuicios.

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, político de larga data en el parlamento de su país, de reconocida identificación con la bancada evangélica, en entrevista a la actriz Elliot Page (famosa en tanto, por su salida de armario y actualmente declarado hombre transgénero), refería el mismo discurso de Mejía: “No soy homofóbico, solo estoy en contra de que los niños reciban instrucción sobre sexualidad”.

Ignorancia supina. El que infantes y adolescentes reciban educación sexual aterra a estos grupos, pues a más de instruir a los niños en prevención de abuso sexual, conocimiento anatómico del cuerpo, métodos de prevención de embarazos y un sinfín de información en su proceso de desarrollo, les brindará el conocimiento sobre sexualidad diversa que hay en el humano y ahí hallarán información sobre la orientación sexual y la identidad de género de los humanos, sin discriminar.

No será una formación que oriente a la niñez a estar informada y entender las realidades de otros, sino que cuando acepten la suya propia, no los lleve a negarla o esconderla socialmente.

Pero tanto Mejía como Bolsonaro, coinciden en atribuir la defensa de derechos humanos LGBTI como causante de un “mal” que para ellos vulnera a infantes y adolescentes por querer inducirlos a cambiar su orientación sexual o identidad de género. Bolsonaro dice en su entrevista que lo gay es asunto de comportamiento que puede corregirse a golpes. Mejía, quiere condenar a prisión a quienes promueven derechos, especialmente dirigidos a la niñez trans. Ergo, sí son homofóbicos

Políticos así aluden esos argumentos como escudo, para evitar que la educación sexual, más allá de lo fisiológico, derribe mitos, taras y sobre todo prejuicios que fomentan el odio.

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