El pánico de la derecha brasileña

- 21 de junio de 2018 - 00:00

La derecha brasileña ha realizado su sueño desde 2003: sacar el PT del gobierno. Como no lo ha logrado por medio de elecciones -y se dio cuenta que ya nunca más lo lograría-, optó por el atajo del golpe. Estuvo condenada así a tener como presidente al vice de entonces, Michel Temer, con toda la carga de acusaciones de corrupción.

Si el atajo del golpe fue el camino más corto de la derecha para captar de nuevo la presidencia de Brasil, esta tiene que pagar el precio de tener que mantener ciertas normas institucionales. Ha hecho un amplio uso de la judicialización de la política, buscando sacar al favorito Lula de la disputa electoral, no ha podido, por lo menos hasta ahora.

La derecha brasileña hizo todo lo que pudo: sacó a Dilma de la presidencia, asaltó al Gobierno, hizo aprobar leyes antipopulares, privatizó el patrimonio público de Petrobras. Además de levantar todo tipo de sospechas respecto a Lula, para intentar destruir su imagen e impedir que volviera a ser presidente de Brasil.

El conteo regresivo hasta las elecciones presidenciales solo pone más nerviosa a la derecha. La izquierda tiene su candidato -Lula- o quien le indique. La derecha ha agotado los intentos de tener un candidato antipolítica, que se valiera del rechazo generado en contra de la política y los políticos.

El pánico más grande de la derecha brasileña es el retorno del PT al gobierno. Significaría el fracaso del golpe y del intento de retorno al modelo neoliberal. Significaría, asimismo, una derrota política de gran dimensión, reabriendo un período de gobiernos populares, que los volvería a marginar por un largo período.

Otro fantasma de la derecha brasileña es que ni siquiera sea el principal contendiente de la izquierda, siendo suplantada por la extrema derecha. Lo cual facilitaría todavía más el apoyo a la izquierda.

No son fáciles los tiempos para Brasil, pero tampoco lo son para la derecha brasileña. La más profunda y prolongada crisis de la historia brasileña se acerca a un desenlace. De alguna forma ese desenlace se dará con las elecciones. Derecha e  izquierda afilan sus armas para ese enfrentamiento. (O)

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