El mito de Sísifo

- 27 de noviembre de 2018 - 00:00

“Los dioses habían condenado a Sísifo a subir sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Los dioses pensaban que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. Homero nos cuenta también que Sísifo había encadenado a la Muerte. Plutón no pudo soportar el espectáculo de ver su imperio desierto y silencioso. Envió al dios de la guerra, quien liberó a la Muerte de las manos de su vencedor. Se dice también que Sísifo, cuando estaba a punto de morir, quiso poner a prueba el amor de su esposa. Le ordenó que arrojara su cuerpo insepulto en medio de la plaza. Sísifo se encontró en los infiernos y allí, irritado por la obediencia, obtuvo de Plutón el permiso para volver a la Tierra para castigar a su esposa. Pero cuando volvió a ver el rostro de este mundo, a gustar del agua, del sol y del mar, ya no quiso volver a la oscuridad infernal. Las advertencias no sirvieron de nada. Vivió muchos años más ante la curva del golfo, la mar brillante y las sonrisas de la tierra. Fue necesario un decreto de los dioses. Mercurio bajó a la tierra a coger al audaz por el cuello, le apartó de sus goces y le llevó por la fuerza a los infiernos, donde estaba ya preparada su roca. Sísifo es el héroe absurdo”. (El Mito de Sísifo, Albert Camus).

Sísifo amanece cada día de mi vida, al pie de mi cama con su pesada piedra. Levantarme del mismo lado del catre, junto a mi amada, abrir los ojos, ver la hora y escuchar la voz terrena y obligada de Sísifo diciéndome: “¿Para qué? ¿Por qué?”. Tantos  miles de años de historia de la humanidad para tener que levantarme y cumplir con los deberes laborales, que en definitiva son dinero. Nacer para trabajar, labrar, trabajar duro y todos los días y cada día más. ¿Qué sentido tiene?

Vivir. Trabajar. Luchar. Exigirse con más ahínco. En esta sociedad no hay descanso. Vivimos agotados. Exhaustos. Ha sido un largo proceso para que el dinero se adueñe de la vida humana en su totalidad. No sabemos otra cosa en la vida que trabajar.

Hoy, la felicidad, la vida, la salud es dinero. El poder es dinero. Es inevitable pensar así y ver las cosas así. Pero el dinero es bueno. Es el resultado del trabajo humano, de sus esfuerzos. Tener dinero en las manos es maravilloso. Levantar la piedra de Sísifo con alegrías mientras veo pasar el tiempo que nos envejece, enferma, y morir. Tantas cosas por hacer y tan corta la vida. Estoy escribiendo con gozo, si no, Sísifo me lanza su roca. (O)

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