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El Telégrafo
Daniel Soto

El lado oscuro del país

03 de diciembre de 2021 - 00:00

Pasan los días y seguimos viendo casos en donde la justicia deja un mal sabor de boca, esta vez con el férreo opositor de Rafael Correa, el señor Galo Lara, quien, el pasado miércoles, obtuvo una sentencia ratificatoria de inocencia por parte de la Corte Nacional, no dejo de preguntarme ¿cómo toleramos criterios tan marcados y opuestos? La respuesta es que la justicia es el lado oscuro de la estructura estatal ecuatoriana. 

Estás acostumbrado a ver el reporte de la gestión de un político, como presidentes o candidatos a dignidades de elección popular, pero nunca has visto que alguien le pregunte al pueblo su percepción acerca de la administración de justicia. El origen del problema económico y político del país, en gran parte, está escondida en esas tierras sombrías denominadas juzgados.

Las sentencias políticas jamás serán democracia, sean éstas favorables a los derechos de un individuo, o no. Si uno de los pilares fundamentales de la democracia es juzgar a los representantes del pueblo a su nombre y con independencia, mal se podría decir que hay democracia cuando la justicia atiende órdenes. Eso es todo menos democracia. 

La justicia debería estar al alcance de todos, pero se ha logrado complicar tanto el razonamiento de las leyes, que casi nadie las entiende, si no me crees, regresa a ver a la Asamblea Nacional que no sabía si las reformas tributarias entrarían en vigencia por el ministerio de la ley, y ahora tampoco sabe si puede derogarlas. El principio de seguridad jurídica implica leyes claras, y seamos honestos, las disposiciones constitucionales que provocaron el debate (135 y 140, CRE), no son lo suficientemente claras.

El desconocimiento acerca de cómo opera el derecho en Ecuador es tal, que aunque miras a la justicia tomando decisiones ilógicas, las aceptas.

La justicia ecuatoriana mantiene un perfil bajo, casi en su totalidad. Pocos son los jueces que hacen su labor social compartiendo los resultados de sus sentencias a través de los medios de comunicación a su alcance, ¿por qué no es esa la regla general? Después de todo, los juicios son públicos, salvo excepciones. He conocido personas que ni siquiera sabían que un juez vivía en la puerta de al lado. No es que digo que deban alardear o pregonearse por el mundo diciendo lo que son, pero cuando veo esa actitud de incógnito, solo puedo pensar mal, después de todo, se supone que es un cargo digno y de mucho mérito. 

Con estos ingredientes creamos una receta perfecta para el desastre, jueces con poco control legal y nada de control social. ¿Recuerdas al caso Yunda? 3 de los 4 jueces que conocieron el caso, torcieron la interpretación de las leyes para favorecer al ex alcalde en su acción de protección, si no hubiera sido porque literalmente se llegó hasta la última instancia, Yunda seguiría en la alcaldía. No creas que ese caso es el único, lo conocimos todos porque fue mediático, pero hay muchos mas que no corren con la suerte de poder costearse apelaciones y acciones extraordinarias hasta obtener justicia. 

Sentencias como la Chuqui Seven o la impavidez de la justicia frente a la negligencia que permitió las muerte de 3 periodistas en manos de terroristas de las FARC en el 2018, confirman que la señora de ojos bendados y balanza en mano, está al servicio de la política y es la regla general.

El poder judicial necesita una intervención inmediata y drástica, de alguna manera se les ha entregado a nuestros jueces una patente de corso, cubiertos por un manto oscuro que les permite creer que están más allá del bien y del mal, lo peor de todo es que son tantos que no se puede señalar a un solo responsable.

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