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Ecuador/Mié.15/Sep/2021

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Fausto Segovia Baus

El imperio de las falacias

08 de septiembre de 2021 00:48

Este tema es materia de estudio en la academia, pero también en otros ámbitos, pues en la vida diaria practicamos –a veces, sin saberlo- falacias que son, en esencia, argumentos incorrectos y psicológicamente persuasivos, según Irving Copi.

Ciertas noticias contienen falacias. Es verdad. Las observamos en los periódicos, la radio, la televisión y la Internet. Y también en el discurso de los dirigentes. Los políticos de última data expresan falacias como “roben bien”, “hasta las últimas consecuencias”, “los periodistas mienten” sin argumentación lógica. Pero, aclaremos: no se puede culpar a los mensajeros –los medios de comunicación y los periodistas- de los exabruptos emitidos por algunas personas. Las falacias están documentadas en videos y audios, que han sido reproducidas por los medios masivos y redes sociales.

La falacia es un argumento incorrecto, pero psicológicamente persuasivo. Es un razonamiento no válido, desde el punto de vista de la Lógica. Es un juicio falaz, que tiene una fuerza inusitada, que depende de su carácter –supuestamente- convincente, porque asume la apariencia de estar correctamente construido. En otros términos: si la falacia la analizamos con detenimiento, el paso de las premisas a la conclusión no es el adecuado, debido a que las premisas no son pertinentes para lo que se quiere defender.

Antes se diferenciaba entre falacia y sofisma, sobre la base de la intención de la persona que argumentaba. En la frase “roben, pero roben bien” –que según su autora ha sido sacada de contexto-, es una falacia antes que un sofisma porque es un juicio que tiene intencionalidad: “hacerlo bien”. El robo, por su naturaleza, no es un acto bueno; al contrario, es malo moral y jurídicamente: un delito. Por eso la frase podrían convertirse en una apología de la corrupción. Que no se subsana con medidas tibias, como un tiempo de trabajo sin sueldo. Simple y llanamente es impresentable: no soporta la Lógica y tampoco la Ética. Porque todas las falacias vulneran alguna regla lógica, y también los principios de la ética.

El profesor Daniel Prieto Castillo, argentino, autor de una magnífica obra “Análisis de mensajes” arguye, desde el discurso, un enfoque semiótico de las falacias como parte de juicios incorrectos, “mal pensados”, “mal interpretados” por sus emisarios, y defendidos sin argumentos. Por su parte, el profesor Manuel Atienza, catedrático español, en “El derecho como argumentación jurídica”, Ariel Derecho, Barcelona, 2006, sostiene “en que la democracia presupone ciudadanos capaces de argumentar racional y competentemente en relación con las acciones y las decisiones de la vida en común”. Pero este estudio será materia de otro ensayo, en contra del imperio de las falacias.

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