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El Telégrafo
 Ricardo Hidalgo Ottolenghi

El fútbol como factor de riesgo cardiovascular

30 de noviembre de 2022 - 00:00

Nadie puede dudar de los efectos beneficiosos que tiene el deporte sobre la salud. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando vemos un “partido de infarto”, y cómo influyen las emociones del fútbol sobre los ataques al corazón?

La relación entre fútbol e infartos ha sido sugerida ya por varios estudios en los que se observó que, durante los días de partidos clave se producían, en promedio, más eventos cardiovasculares que en días en los que el estado de ánimo no estaba influenciado por estas competencias deportivas.  Claro que esto ocurre en personas predispuestas, que tienen factores de riesgo cardiovasculares, como colesterol elevado, hipertensión, diabetes, obesidad, etc.

Ya durante el Mundial de 1998 un estudio inglés demostró que los infartos al corazón aumentaron un 25% entre los seguidores ingleses cuando Inglaterra perdió contra Argentina en penales. En la misma línea, otro trabajo publicado en la revista British Medical Journal, reveló que, en la cita del 2006, se registraron más de cuatro mil casos de infarto en los hospitales de Múnich y sus alrededores.

Además, se ha determinado que hay tres veces más posibilidad de sufrir un ataque al corazón si es su propio equipo el que está jugando el partido durante el Mundial ya que es más difícil controlar las emociones en esta situación.

¿Por qué aumenta el riesgo de padecer un problema coronario durante un partido de fútbol o en cualquier otra situación de estrés?

Se sabe que el estrés en general y, en particular, el que puede generar un evento deportivo de alta intensidad, pueden ser el gatillo que desencadene un episodio cardiovascular en una persona que está predispuesta a sufrirlo. Pero hay algo más, un factor asociado al estrés que puede contribuir al evento coronario: el aumento de la actividad de las plaquetas y de la coagulabilidad sanguínea que pueden facilitar la formación de un coágulo que obstruya una de las arterias del corazón.

Este riesgo aumenta si al estrés se le suma la ira (“árbitro ladrón”) que puede aumentar la resistencia vascular coronaria e inducir alteraciones isquémicas (falta de oxígeno en el músculo cardiaco). También se ha encontrado una relación entre los episodios de ira y la producción de espasmos en las arterias que irrigan el corazón, sobre todo si estas presentan lesiones de ateroesclerosis.

Son estas mismas emociones las que elevan la adrenalina y aumentan la presión arterial. Y en personas predispuestas, pueden ocurrir posibles rupturas de placas de colesterol en las arterias del corazón o del cerebro, provocando un infarto cardiaco o un accidente cerebrovascular.

¿Están nuestros estadios preparados para atender a los pacientes infartados?

¿Cuántos de nuestros estadios y otros escenarios deportivos poseen por ejemplo desfibriladores externos, personal de emergencia entrenado y planes de contingencia para mejorar la seguridad de espectadores y jugadores?

¿Cuántas vidas de los espectadores que sufren ataques cardíacos podrían salvarse si se contara con el equipamiento y personal adecuados?

Este es el momento para solicitar a los responsables de los escenarios en los que se practican deportes que procuren la creación de espacios deportivos cardio protegidos. Tampoco está por demás pedir a las instancias correspondientes la normativa necesaria para exigir la colocación de desfibriladores externos en sus instalaciones.

Estos aparatos pueden salvar muchas vidas, pero con una utilización adecuada, por lo que es   conveniente que varias personas del club aprendan primeros auxilios mediante cursos que incluyan la resucitación cardiopulmonar y manejo del equipo.

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