El entorno del empresario

01 de abril de 2011 - 00:00

Cuando creí haberlo leído todo, me topé con un artículo de Gabriela Calderón, en El Universo: “El empresario y su entorno”. El texto suponía una continuación a otro titulado “Marx y el reparto de las ganancias”. En ambos artículos expone su visión sobre la organización económica del Estado. Llega a decir que debemos dejar que “Marx descanse en paz y lejos de nuestro mercado laboral”. Esto para resumir su postura frente al reparto de utilidades.

Calderón se define como liberal. ¿Liberal? Esta mujer hace ver a David Ricardo (quien afirmaba que el salario natural permite al trabajador “subsistir y perpetuar la raza”) como el escribano de Engels. Me asombra cómo justifica la doble contabilidad y la evasión de impuestos del empresario como reacción a un marco legal “que impide el progreso y castiga la creación de riqueza”. Esto, en un país donde los acuerdos colusorios son evidentes, pero no son sancionados; donde se critica que el Estado obligue a Holcim a pagar $31 millones en utilidades, pero se olvidan de criticar las prácticas anticompetitivas que son, decididamente, su modus operandi. Decir que, además del 25% de impuesto a la renta, repartir un 15% de utilidad obliga a la empresa privada a delinquir, es obviar el hecho de que en economías como la nuestra, ese 15% será utilizado para consumo, es decir, reabasteciendo al mercado, a la propia empresa.

Entonces, ¿cuándo, señora Calderón, debemos cumplir la ley? ¿Cuando no se reciben utilidades porque las empresas están trabajando “a pérdida”? ¿Cuando nos despiden un año antes de recibir la jubilación patrimonial? ¿Cuando nos obligan a cobrar como “servicios prestados” cuando existe una relación de dependencia? Porque entre las prácticas ilegales de las empresas por un marco jurídico restrictivo, se olvidó mencionar muchas otras más. Defender estas prácticas es darle patente de corso a un sector que, en buena parte, ha operado impune.

Una ley laboral taxativa es producto de un abuso. ¿Se abusan los trabajadores de ella? Por supuesto. Y de la misma manera en que se critica el accionar de ciertas empresas, es necesario criticar el de ciertos trabajadores, la práctica inmoral y carente de cualquier indicio ético, además de ser ilegal. Resulta cómodo y facilista defender la doble contabilidad y la evasión de impuestos y una justificación penosa para un sector que puede, y debe, profesionalizarse.