El color histórico de la piel

- 11 de noviembre de 2015 - 00:00

El racismo tiene fecha de caducidad, se acabará como empezó siendo el mal chiste ideologizado que sustituyó la carcajada de unos pocos por el desconsuelo de millones; de la broma de pretendida inocencia sobre la diversidad étnica de esos tiempos por la burla belicosa y feroz; de la tolerante indiferencia a la oscuridad de la piel por una estrenada atención criminal.

Aquello que había empezado con dogmas religiosos (la discutidera sobre la fe verdadera) y debates sin término acerca de la existencia del alma en unas personas y en otras no se pasaría al monopolio brutal de todo conocimiento validado por la Biblia causando el aniquilamiento epistemológico de culturas. Ramón Grosfoguel llama epistemicidio a esa destrucción física de portadores de conocimiento. Faltaba poco para el día en que el color de la piel fuera bandera aborrecible de todos los males.

Así como tendrá fecha de liquidación tuvo fecha de inicio. Después de la conquista final de Al Andalús, ocurrida el 2 de enero de 1492 con la ocupación del Emirato Nazarí de Granada, se retoma el programa del viaje de Cristóbal Colón a lo que llamarían desde el 12 de octubre (también fecha de llegada) ‘Indias Occidentales’. Al Andalús fue un territorio de la Península Ibérica, encuentro de culturas y mestizajes, su esplendor duró ocho siglos. Gobernado por musulmanes, fue ejemplo de lo que ahora se denomina interculturalidad, allá llegaron sabios, mujeres y hombres, del mundo de aquellos siglos. Su influencia y cierta liberalidad epistemológica la hicieron famosa.

Para el 12 de octubre de 1492, en la Península Ibérica vivían centenares de miles de personas negras con sus saberes y conocimientos, sus expresiones culturales y sus sincretismos religiosos. Una de estas expresiones fueron las zarabandas y otras danzas festivo-religiosas que hacían de los afanes del cuerpo una recreación estética. Nicomedes Santacruz, el gran poeta afroperuano, consideró aquello como la gran liberación de las costumbres ibéricas de las imposiciones clericales, que consideraban a toda expresión corporal algo pecaminoso. Hasta ahí no se sabe de persecuciones por asuntos de tonalidad del cutis.

El catolicismo fue la avanzada ideológica de la monarquía y el clero para el dominio político del reino de Castilla en Al Andalús y lo extendieron a toda convivencia cultural; con esos principios se fundamenta la organización desde el poder de aquellos territorios que serán conquistados y las sociedades en ahí establecidas. Eso que antes había sido un ‘cree tú y deja creer a los demás’, algo así como un aguante a otras religiosidades, se convirtió en pensamiento único religioso o sea en religión excluyente por al menos dos estorbos inventados a la tolerancia. Uno, quienes adoraban al dios verdadero (los otros dioses eran falsos o esas personas estaban equivocadas en cosas de la fe). Y dos: el alma era privilegio inalienable de unas gentes, y quien no la tenía, vaya que tenía un gran problema. (O)