La educación crítica

- 11 de septiembre de 2019 - 00:00

Cómo ser lo que queremos ser? ¿Y por qué queremos ser eso y no otra cosa? Me parece que son preguntas extremadamente importantes a la hora de plantearnos con claridad los objetivos trascendentales de una educación liberadora. Para ser lo que queremos ser es importante adquirir determinados saberes y desarrollar una serie de capacidades que nos permitan hacer. Ser, entonces es saber hacer y la educación debería proveernos de estos saberes.

Para saber hacer, sin embargo también se requiere saber pensar, pues la totalidad de la acción siempre puede superar el saber que debe actualizarse. Pensar entonces es crear las condiciones del nuevo saber, tanto en la modalidad de su registro históricamente condicionado, como en la posibilidad del cambio y la transformación del despliegue histórico de la acción.

En esta misma línea, la perspectiva del pensar el cambio histórico nos remite a cuestionarnos sobre aquello que queremos ser. No estoy hablando sobre escoger entre las diferentes modalidades del aparecimiento del ser en un momento histórico determinado, sino sobre las condiciones de comprensión del ser mismo, que son precisamente, históricas.

En la sociedad del capitalismo financiero y tecnoburocrático, las condiciones de comprensión del ser están mediadas por una razón instrumental al servicio del perfeccionamiento de lo dado, de tal manera que el pensamiento debe desmontar esa razón. A esto se le llama pensamiento crítico, un pensamiento que es interpretado como pensamiento irracional y por tanto expulsado de la escuela que en este punto es una institución al servicio de la educación de esa razón instrumental.

Si la educación no crea las condiciones de superación de lo dado y se conforma simplemente con explicar su aparecimiento y perfeccionarlo, por más que hable de pensamiento crítico, en realidad aplica una intención profundamente conservadora y a la larga retardataria.

Ser lo que queremos ser además implica la construcción de una formación integral que nos capacite para poder cuestionar la configuración política del mundo que impide que seamos lo que queremos ser, así como cuestionar la educación instrumental que deviene en una forma psicológica de fragmentación del ser, creando personas esquizofrénicas e incoherentes, que eligen aquello que no desean, se consideran libres en la más férrea dominación y no tienen ni el interés ni la imaginación para cambiar las cosas. (O)