Ecuador en la ONU

- 14 de junio de 2018 - 00:00

La Organización de las Naciones Unidas es la mayor instancia mundial deliberativa multilateral, conformada por Estados nacionales, para procurar la paz y la consagración de los derechos humanos en el planeta. Su principal órgano es la Asamblea General, constituida por todos los Estados miembros.

El Dr. Leopoldo Benites Vinueza fue el primer ecuatoriano en presidir la Asamblea y María Fernanda Espinosa Garcés será la segunda en ostentar la dignidad a nombre de nuestro país, constituyéndose además en la primera mujer latinoamericana en ocupar esa alta distinción, elegida tras el primer diálogo interactivo entre dos candidatas. Benites y Espinosa han compartido la condición de intelectuales de trayectoria, pensadores, escritores y diplomáticos con amplia experiencia.

En 1973, año en el que Ecuador encabezó la Asamblea General de la ONU, el sistema internacional estaba traspasado por la Guerra Fría causada por la carrera armamentista entre EE.UU. y la Unión Soviética. En contraste, el mundo actual está conformado por un sistema multipolar amenazado tanto por el cambio climático como por el desastre nuclear y las guerras focalizadas, que causan la muerte de miles, la pobreza y el desplazamiento de millones de personas.

La flamante presidenta electa de la Asamblea de las Naciones Unidas ha subrayado cuatro tópicos sustanciales: la igualdad de género, el multilateralismo, la proximidad con los ciudadanos del mundo y el desarrollo sostenible, enfocando de esa manera los puntos clave que deben ser discutidos por la ONU, para cumplir con sus objetivos esenciales: lograr un mundo desarmado, justo, de paz y vida.

Presidir la Asamblea de la ONU constituye una oportunidad para Ecuador, un país pequeño que ha dado luces al mundo por reconocer en su Constitución los derechos humanos individuales y colectivos, los principios de la ciudadanía universal y los derechos de la naturaleza. Por ello, frente a este rol histórico que atañe a todos y todas las ecuatorianas, nuestra patria debe proyectarse como un cuerpo unido, puesto que su existencia tiene como razón final la lucha por un mundo social, justo y ambientalmente armónico.

Cuando en cuarto grado nos hacían dibujar a la patria chica, los niños y niñas solíamos figurarla como una mujer con una falda muy larga, que se salía de las fronteras artificiales y caminaba por el planeta Tierra, sembrando y sembrando. (O)

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