Eclipse capitalista

15 de diciembre de 2011 - 00:00

Saber escuchar a los demás y tener sentido de la oportunidad son características indispensables de un líder, el presidente Obama ha demostrado tener ambas cualidades. Él ha escuchado los reclamos de los Occupy Wall Street, y sus últimas políticas responden directamente a las demandas de sus ocupantes. Muchas personas que están en la Plaza de la Libertad, en el distrito financiero de Manhattan, han sido desalojadas de sus viviendas en la estafa colosal llamada “crisis financiera”. Los estadounidenses nacidos pobres tenían un 50 por ciento de posibilidades de salir de la pobreza a mediados del siglo pasado, mientras que hoy solo tienen un 30% de hacerlo, con mucha suerte.

En la última década, el ingreso de los ricos se incrementó un 250 por ciento, en cambio el del 99% de la población descendió en un 6 por ciento. Hace diez años, un ejecutivo corporativo ganaba unos 30 salarios mínimos, hoy gana 110. El “mercado” no equilibrará esas desigualdades. Por ello creó un programa para que quienes enfrenten un desalojo inminente, renegocien sus préstamos hipotecarios, reduzcan los pagos y retengan sus casas. Además, muchos jóvenes apostados en dicha plaza deben sus créditos educativos con altas tasas de interés, pero no consiguen empleos donde ganen lo suficiente para pagar y vivir con dignidad. No obstante, Barack Obama propuso una iniciativa que reducirá en varios cientos de dólares sus pagos mensuales. Para él, mejorar la distribución de la riqueza nacional, subir los impuestos a los millonarios y regular la banca son los temas “decisivos” del momento, asumiéndolos como promesas de campaña para su reelección.

Sostiene que la solidaridad y la equidad deben ser los verdaderos valores de los ciudadanos americanos. Según él, vivimos una época trascendental para la clase media, y la nación solo tiene dos opciones: continuar la economía de “sálvese quien pueda”, que facilitó la acumulación desmesurada de riquezas en pocas manos, dejando al resto sin nada y provocando un descalabro financiero; o gravar las grandes fortunas para proteger a los pobres, asegurando una educación digna para su pueblo mientras controla los abusos de la banca. Entiende que las regulaciones bancarias son impostergables para evitar un colapso económico. Ahora avanzan las investigaciones sobre fraudes en los mercados de valores y algunos banqueros tramposos caen presos, proyectando la imagen de que la Casa Blanca persigue a los corruptos.

Obama está acomodando su gestión a las demandas de los Occupy Wall Street, porque ese movimiento tiene muchísimo apoyo popular y los políticos saben que eso “pega”. Esa protesta influenciará en gran medida toda la vida de los norteamericanos, empezando con las próximas elecciones. La historia quedará dividida en antes y después de los “Indignados”, por eso Obama escucha los tambores de Zuccotti Park con mucha atención. La clave de su reelección, él lo sabe, es esa ocupación.