El devenir de la “post-escuela” (1)

- 09 de noviembre de 2018 - 00:00

La carreta desciende por la colina. Es la única imagen que se observa…, y es la única necesaria. Lentamente, irreversiblemente, desciende. La escuela está en su ocaso. Es lo que está ocurriendo hoy en día en la sociedad argentina. Pero esta tendencia no es absolutamente nueva. Hace años se vienen observando signos de su decaimiento. En especial, a partir de lo que fue la década de los noventa.

El preludio de un devenir que, como nos ha enseñado la filosofía, es el proceso en que nace y se desarrolla un objeto, un acontecimiento: el proceso en que el objeto-acontecimiento llega a ser. Algo que el alemán Walter Benjamin define como “lo que está surgiendo del llegar a ser y del pasar” (Walter Benjamin, El origen del drama barroco alemán, Taurus, Madrid, 1980, pp. 31-35). Pues este objeto ya llegó y se llama “post-escuela”. Y está entre nosotros.

Primero hay que destacar que existen, por lo menos, dos fuerzas antagónicas a la escuela que la están sitiando. La primera de ellas corresponde al influjo en la sociedad de las nuevas tecnologías de la comunicación -el celular, en el centro de la escena-. La segunda corresponde al discurso levantado por el feminismo donde se plantea a la institución escolar como obsoleta, anticuada, patriarcal, etc.

Conviene señalar que la primera fuerza impacta sobre toda la sociedad, pero solo destruye los tejidos más sensibles de la misma. ¿De qué modo? Un grueso de la población argentina, una franja de jóvenes de los sectores más vulnerables está abandonando deliberadamente la escuela y están siendo educados por los celulares. Lo que podríamos denominar “el sueño sarmientino a la inversa”. Pero, ¿qué era “el sueño sarmientino”? ¿Dónde gravitaba la filosofía educativa de Domingo Faustino Sarmiento? Vayamos, grosso modo, a la respuesta: el propósito fundamental de la empresa sarmientina consistió en “educar al soberano”. Ni más ni menos. Una nación educada era, a los ojos de Sarmiento, la base y punto de partida de todo progreso; y que, sin embargo, hoy, tal como se pregunta Benjamin, “¿cuál es la idea hablar de progreso a un mundo que se hunde en la rigidez de la muerte” (W. Benjamin, Cuadros de un pensamiento, Imago Mundi, Buenos Aires, 1992, p. 204).

Esto es la escuela. Una imagen que la vemos estallar en tiempo real, mostrando pedazos de una historia que alguna vez fue el horizonte de generaciones que la pensaron de una manera muy distinta a la que contemplamos en el aquí y ahora. (O)