Democratizar el conocimiento

- 05 de agosto de 2016 - 00:00

El conocimiento únicamente es democratizante cuando es libre su acceso y su reproducción. Las dinámicas del capitalismo han  creado las condiciones donde hay un sistema que valora, cuantifica y comercia el conocimiento; es decir, que ha convertido al conocimiento en una mercancía más, donde el fetichismo está en su acumulación. No es extraño que, dadas estas condiciones, el conocimiento se haya convertido en otro elemento creador y amplificador de desigualdades. Parece que es poco lo que podemos hacer para cambiar estas condiciones.  

Más del ochenta por ciento de los artículos científicos indexados provienen de Estados Unidos, y más del noventa y cinco por ciento están escritos en inglés. Si el conocimiento crea conocimiento -y la capacidad de acumularlo-, entonces la brecha científica (y tecnológica) solo puede tender a ampliarse. Hace un par de décadas se creó una herramienta revolucionaria que permitiría democratizar este conocimiento.

La comunidad medio ficticia, medio digital, de internet estableció una red donde cada usuario era un potencial altavoz del conocimiento. Se crearon espacios donde el conocimiento era el producto de la coordinación comunitaria sin otro afán (o sin otro afán mayor) que la masificación del conocimiento. El ejemplo más tangible, pero ciertamente no el único, es Wikipedia. Se crearon espacios que sirven para almacenar información, pero también para preservar la memoria colectiva de un mundo caótico y olvidadizo.

Pero incluso en estos espacios virtuales se crearon las trabas a favor del capital. Es un debate más complejo del que puedo exponer en estas líneas, pero el abuso del legalismo de los derechos de autor, las patentes y la propiedad intelectual terminaron por excluir del acceso al conocimiento (y, por ende, de la producción de conocimiento) a todos aquellos que no lo pueden pagar. Si el conocimiento democratiza, lo hace solo en función de la capacidad de solventarlo. Si la cura contra el cáncer está en un estudiante de medicina en Ecuador, será difícil saberlo, no porque no tenga acceso a educación, sino porque no tiene acceso al mundo de conocimiento que se ha creado detrás de ella. Es decir, no todos podemos estar parados en los hombros de un gigante.

Pero tampoco estamos haciendo nada para que el conocimiento que creamos en el país, y aquel que hemos creado, aquella memoria de la ecuatorianidad y su ciencia, comiencen a generar espacios de debate y reflexión interconectados e interdisciplinarios. Y son espacios que no necesitan más que un poco de coordinación y un poco de radicalización. Comenzar a pensar en nuestra producción de conocimiento, en nuestros repositorios universitarios, en nuestras publicaciones (tanto académicas como de ficción, tanto modernas como antiguas), en nuestras bases de datos, como un patrimonio abierto, accesible y reproducible.

Si la internet puede ser democratizante es a través de esto: una gran biblioteca del conocimiento. Una biblioteca que recoja todo este conocimiento desperdigado y poco coordinado de las universidades, que recoja todos los archivos digitales de la biblioteca nacional, que recopile las bases de datos en un solo lugar. Un espacio digital al cual todos podamos acceder libremente, pero del cual también todos podamos tomar libremente, y reproducir libremente. Para que así cada usuario también pueda ser un pequeño altavoz del conocimiento.

No transformaremos la producción de conocimiento en el mundo. Seguramente hará poco para cambiar las dinámicas imperantes, pero será tanto un verdadero acto de rebeldía, como un verdadero paso revolucionario. (O)