¿Democracia sin mujeres?

- 29 de agosto de 2020 - 00:00

Parecería que vamos retrocediendo en cuanto a representación de las mujeres en el mapa político del Ecuador. Veinte años atrás ya creíamos que habíamos superado esa lacra, pero viendo el panorama de los binomios ya nos percatamos de que solo la mitad incluye a una mujer, y exclusivamente en un caso una encabeza una fórmula electoral. Por otro lado, siguen existiendo restricciones legales en cuanto al porcentaje de mujeres que pueden participar como candidatas a asambleístas y solo en pocos casos ellas encabezarán listas. La participación de las mujeres como candidatas a la Asamblea debe avanzar progresivamente a partir del 15%, según las últimas reformas al Código de la Democracia. Definitivamente, estamos retrocediendo. ¡Es una gran decepción constatar que las mujeres seguimos sin representación suficiente!

Y por ello, no podemos dejar de decir que la inclusión es la clave para construir democracias verdaderas. Estas solo existen si se respeta la diversidad y, al mismo tiempo, se logra la igualdad. Con miras a conseguir esa inclusión tendremos que seguir trabajando en las leyes y los códigos nacionales, elaborar reglamentos al interior de los partidos políticos que los obliguen/comprometan a convocar a mujeres; combatir y visibilizar las reglas y prácticas no escritas que nos excluyen de participar en el ámbito político, y oponernos a todos aquellos que se hacen de la vista gorda sobre los asuntos que atañen a las mujeres.

Nuestra cultura no ha podido romper aún con creencias y normativas profundamente arraigadas sobre restringir el rol de la mujer como líder. Esas normas patriarcales están incrustadas en las estructuras económicas y políticas. Ahora constatamos que las empresas electorales masculinas formulan reglas elitistas y discriminatorias para el reclutamiento y selección de las candidaturas. Sus estructuras internas y modelos de financiamiento rechazan el que la mujer intervenga, por ello las mujeres continuamos estando subrepresentadas y excluidas de los niveles superiores de las estructuras de poder.

Sin embargo, y a pesar de iniciativas que quieren eliminar la obligatoriedad del voto, las mujeres saldremos en masa a votar y elegiremos a candidatos varones y mujeres en cuyos planes esté eliminar las barreras que constriñen la participación, que analicen temas desde una perspectiva de género y desarrollen discursos electorales sensibles a las necesidades de cuidado y protección.

Además, tenemos que seguir soñando en gobernar. Y forzando nuestra participación. Cuando tengamos el poder lograremos desterrar los crímenes que todos los días se comenten en contra nuestra. Es necesario evidenciar que mientras los hombres juegan a la política, decenas de mujeres son asesinadas en lo que va de la pandemia, la violencia machista sigue, el acoso sexual presencial y telemático continúa rampante, centenas de mujeres abortan clandestinamente poniendo en riesgo su vida y miles de adolescentes son embarazadas al ser víctimas de violación.

Pero también es necesario afincarnos en los triunfos. A pesar de la discriminación, la lucha constante y valiente de las mujeres ha dado enormes pasos. Algunos de esos avances, como la Ley para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres, de 2018, y los recientes cambios del Código de Salud, como la eliminación de la objeción de conciencia para entrega de anticonceptivos y la no criminalización a las mujeres en emergencia obstétrica, son logros muy importantes.

La lucha de las mujeres seguirá adelante, sin pausa ni desmayo. Es apremiante que arreglemos nuestra casa común. Necesitamos con urgencia actuar en el espacio público. De otra manera, en el Ecuador nos volverá a tomar décadas cerrar la brecha de género en la política. Debemos seguir, sin desmayar, hacia la inclusión y la democracia profunda. (O)

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