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El Telégrafo
Martín Ávila Escobar

De vuelta a tomar mate

20 de diciembre de 2022 - 00:00

La última vez que la Copa del Mundo estuvo tomando mate en Argentina fue en 1986. Pasaron 36 años para que este trofeo vuelva al país en donde el fútbol es considerado un motor social de pertinencia e identidad cultural. No por nada, Diego Maradona se convirtió en su símbolo, e incluso, hasta en su dios. En esta ocasión, Lionel Messi alza el trofeo más importante del fútbol entre miles de personas en los hombros del Kun Agüero, tal como lo hizo el Diego en el Mundial de México 86. La misma foto, y una postal que pasa a la historia del deporte. Tomará mucho tiempo y quizás hasta generaciones, en que alguien alcance los números y récords de Messi. Hoy se acaban algunos debates, pero empiezan otros; claro está, que el olimpo del fútbol ahora es de él. Nadie más que el mismo podía ser el héroe de su propia historia y esfuerzo.

Hay quienes dicen que el fútbol profesional se convirtió en un espectáculo, lejos de su esencia lúdica y de fantasía; pocos protagonistas, muchos espectadores. La historia de un triste viaje del placer al deber. En el fútbol y en la mayoría de los deportes profesionales, los merecimientos no alzan títulos, lo hacen únicamente los resultados. A pesar de la tecnocracia -inevitable y necesaria- que existe en el fútbol profesional, partidos como la final entre Argentina y Francia nos recuerdan que el balompié nunca dejará de tener su porfiada capacidad de sorpresa e incertidumbre. A veces, raras veces, alguna decisión del árbitro del juego coincide con la voluntad del hincha y fanático; incluso con la nueva tecnología tan precisa que el ojo humano es incapaz de percibir.  

El mundial de Catar 2022 deja importantes deudas en lo social, económico y humano. Las diferencias culturales fueron el foco de atención en el evento deportivo más visto del mundo. Coimas millonarias, explotación laboral, indiferencia ante el impacto ambiental, inequidad de género, entre otros temas críticos, no pueden pasar desapercibidos. Las personas que gestionen el deporte profesional tienen la obligación de construir un deporte más ético y responsable, alejado de los escándalos y desigualdades.

El mundial del 2026 tendrá a varios países anfitriones de diferentes contextos culturales, sociales y políticos. Desde hoy, empieza una nueva generación de protagonistas y espectadores. El fútbol de antes no es el de ahora, y probablemente tampoco sea el del mañana. Mientras tanto, ¡qué viva el fútbol y quienes lo disfrutan! Tener a la Copa del Mundo en Latinoamérica tomando mate en Argentina será fenomenal.

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