David, Goliat, y la esencia del statu quo

- 04 de septiembre de 2015 - 00:00

La victoria de David sobre Goliat es una anomalía. O una muestra más del poder divino. Pero, estadísticamente, es una anomalía. Eso es parte de la convención popular. Resulta que no lo es. Los David ganan todo el tiempo. El politólogo Iván Arreguín-Toft observó todas las guerras libradas en los últimos doscientos años entre combatientes fuertes y débiles. Los Goliat, encontró, ganan el 71,5 por ciento de los casos. Es un hecho excepcional. Arreguín-Toft analizó conflictos en donde un lado era por lo menos diez veces más poderoso -en términos de armamento y tamaño- que su adversario, e incluso en estos combates desiguales, los ‘débiles’ ganaron un tercio de las veces.

Hay un detalle adicional. Cuando David decidió combatir a Goliat, tomó una armadura, un casco y ciñó su espada. Es decir, se preparó a librar una batalla convencional de espadas contra Goliat. Pero David se detiene. “Yo no estoy acostumbrado a usar esto, y no puedo ni caminar. Y se quitó la armadura” (1 Samuel 17) y recoge cinco piedras lisas. Arreguín-Toft se preguntó qué pasaba cuando los David reconocen su debilidad y escogen una estrategia poco convencional. Reanalizó la información y vio que, en aquellos casos, los porcentajes de victoria de David subían de 28,5 a 63,6. Cuando los que tienen las de perder no juegan bajo las reglas de Goliat, ganan, Arreguín-Toft concluye, “incluso cuando todos los que creen saber acerca del poder nos dicen que no lo hagamos”.

Es T.E. Lawrence (mejor conocido como Lawrence de Arabia) venciendo a los otomanos con un ejército de beduinos. Es la insurgencia comunista en Vietnam causando estragos a los franceses en la década del cuarenta. Fue George Washington y sus tácticas de guerrilla para derrotar a los ingleses. Es Ecuador cayendo en default para luego comprar su propia deuda. Es el ‘Maracanazo’.

Pero a pesar de que los números favorecen a los David cuando pelean como David (es decir, sin seguir las reglas de Goliat), la mayor cantidad de veces, los que tienen las de perder no pelean como David. Arreguín-Toft también encontró este patrón: de los doscientos dos conflictos disparejos en su base de datos, los más débiles decidieron enfrentarse de manera convencional a Goliat ciento cincuenta y dos veces. Y perdieron en ciento diecinueve ocasiones.

Es la insurgencia comunista en Vietnam en 1951 cuando Vo Nguyen Giap, un estratega del Viet Minh, cambió a una estrategia más convencional de guerrear y rápidamente sufrió varias derrotas. Es George Washington tratando de crear un ejército al estilo inglés, que fue derrotado una y otra vez, y que casi le cuesta la guerra. Es Ecuador emitiendo bonos en el mercado internacional. Es todas las veces que Uruguay ha perdido en el Maracaná.

Es complicado ser un David en tierra de Goliat. Goliat no solo busca eclipsar a David. Goliat trae con él toda la fuerza de la convención social en contra de David. Goliat desprecia a David. Al final, no está ‘bien’ caer en default, no está ‘bien’ pelear como una guerrilla. Esas son las reglas, ese es el stablishment. Pero no olvidemos quién hizo las reglas: Goliat. Y no olvidemos por qué Goliat hizo las reglas: cuando el mundo tiene que jugar en términos de Goliat, Goliat gana. (O)