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Ecuador/Sáb.12/Jun/2021

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José Velásquez

Cuatro décadas sin Roldós

17 de mayo de 2021 00:00

La tarde aquella cuando salió del Estado Atahualpa, se fue tras de él un modelo de hacer política que buena falta nos hace hoy. Nos dejó un legado para la eternidad en esa arenga democrática cuyo fuego se iba avivando con el pasar de las hojas y que, sin embargo, decidimos extinguir.

La vida sin Jaime Roldós marca el arribo carroñero de los que se robaron su apellido para enmascarar sus fechorías y enquistar su dinastía populista y mafiosa en la escena electoral. La vida sin Roldós es la santificación inmediata de un líder sin la reflexión de sus aciertos y errores y sin el aprendizaje que nos procuraba. Lo hicieron pasar de largo sin moraleja, sin punto de partida y sin relevo. Se encargaron de archivarlo y sacárselo de encima para refundar un país sin escrúpulos.

También son 40 años de impunidad y de manipulación. Cuatro décadas de burlarse de la justicia, de meterle mano a las cortes y de echarle tierra a las evidencias. Desde los hermanos Restrepo hasta el General Jorge Gabela; no alcanzaría el espacio asignado a esta columna para reseñar todos los crímenes en los que ha habido cierto grado de responsabilidad o complicidad de parte de las autoridades de turno. Roldós era un campeón de la defensa de los derechos humanos, pero su lucha no era compatible con algunos de los regímenes que se instalaron después en Carondelet.

Y mientras nuestros políticos vuelven a endosar que la ambición del partido, la vanidad del jefe o el resentimiento ancestral están por encima del país, el calendario nos recuerda que el 24 de mayo de 1981 la cosa iba en serio. “Este Ecuador que no lo queremos enredado en lo intrascendente sino en lo valeroso, luchador e infatigable, forjando un destino de grandeza”, decía Roldós en ese último encuentro con el país. Uno mira la partitura y los intérpretes de los últimos años y hay mucho de intrascendente y muy poco de valeroso.

Fuimos afortunados que el regreso a la democracia nos trajo a dos refrentes como Roldós y Sixto Durán Ballén. Pero la semilla de Roldós no alcanzó a germinar y una vez que se fueron los patriarcas quedó una generación amnésica y parcializada con lo micro y ajena de lo macro. No existe en la bitácora del político corrupto, sectario y melodramático aquello de “nuestra gran pasión debe ser el Ecuador”.

El termómetro de la política es la legislatura y el deterioro en los perfiles en las últimas cuatro décadas es notorio e innegable. El caudillismo se encargó durante años de llenar las curules de “insolentes recaderos” al servicio de todo tipo de “oligarquías”. En este punto, recuerdo inevitablemente a esos nuevos ricos revolucionarios llenando mansiones en Samborondón. Y así llegamos a este nuevo período legislativo, con fotos con filtros y anécdotas faranduleras para consolidar una Torre de Babel donde naufragará nuevamente el futuro del país.

León Febres Cordero y Assad Bucaram, que había caminado junto a Roldós en la campaña, se unieron insólitamente en el Congreso de 1980 para declararle la guerra al joven presidente. Los “patriarcas de la componenda” de ayer y de hoy, lanzando zancadillas y disparando codazos hasta que sangre el gobierno. Seguramente el país ya no será ese “Ecuador democrático capaz de dar lecciones históricas de humanismo, trabajo y libertad”. A este paso nuestro futuro se estrellará en un cerro en medio de la neblina o alguna mano siniestra lo hará volar en mil pedazos. Nunca sabremos qué mismo fue; solo nos quedará la certeza que no pudimos ser y que nadie se hará responsable.

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