CPCCS: Un mal innecesario

- 17 de febrero de 2019 - 00:00

La Constitución de 2008, fraguada en Montecristi, se construyó según el pensamiento e interés de Rafael Correa que buscaba la concentración del poder. Fueron asesores extranjeros, socialistas del siglo XXI, quienes la estructuraron como el elemento teórico que sustentaría el futuro político del Ecuador.

Dentro de este esquema, la creación de un quinto poder - Consejo de Participación Ciudadana y Control Social – (CPCCS) que, supuestamente favorecería la participación de la ciudadanía en decisiones del Estado, no fue sino la herramienta que permitiría al gobierno nombrar a su arbitrio a las autoridades de control, concentrar el poder y asegurar la impunidad frente a la cadena de corrupción que, tras el cese del régimen correísta, hemos podido constatar.

Dicho Consejo se estructuró mediante concursos de merecimientos manejados por el Consejo Nacional Electoral, concursos que, sorprendentemente lograron que el CPCCS se conforme por una pléyade de correístas a ultranza. Obviamente ocurrió lo previsible: ningún control de la corrupción, opacidad en vez de transparencia, nombramiento de alcahuetes de las trapacerías del gobierno de la Revolución Ciudadana en vez de legítimas autoridades de control.

La asunción al poder de Lenín Moreno desembocó en la excelente decisión de una consulta popular que permitió deshacer el anterior CPCCS y crear uno nuevo, transitorio, que dirigido por un egregio hombre como lo es el doctor Julio César Trujillo ha logrado cambiar, en gran parte, el enorme tinglado de corrupción e impunidad que se armó en el régimen anterior. No obstante, el buen CPCCS ha sido el transitorio y el que vendrá, esta vez producto de elección popular, tendrá inmensos poderes y no sabemos cómo se conforme. El que sea resultante de elección popular nada garantiza, más aún, cuando los candidatos son en su mayoría, ilustres desconocidos porque el reglamento para la candidatura es absurdamente excluyente. Podría ser que la gran gestión del CPCCS transitorio se desbarate dando paso, de nuevo, al horripilante escenario del correís mo.
Grave situación. El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social ha sido una perversa novelería del Socialismo del Siglo XXI y su desaparición es una sentida necesidad. El lograrlo entraña una nueva Constitución pues no podemos vivir con la miríada de absurdos que contiene la que nos rige. (O)

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