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Ecuador/Vie.4/Dic/2020

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Con el sectarismo no se puede sacar al Ecuador

10 de octubre 00:00

Pensar que Ecuador va a cambiar de la noche a la mañana solo porque elegiremos un nuevo presidente, otra corriente ideológica, es ser ilusos. La realidad es que el excesivo gasto público, el despilfarro, la corrupción continúan; otros sueñan con pagar menos impuestos, pero tener un mejor Ecuador no es cosa de hacer clic con los dedos. El problema sí, es el sectarismo en posturas y discursos electorales para dibujar una falsa realidad y captar votantes.

No habrá un cambio radical en la nueva elección, pues hemos vivido 40 años en crisis cíclicas, con bajones tremendos como el feriado bancario; y luego, una década de ignominia. Salimos de un régimen que mezcló obras prioritarias con despilfarro y corrupción, para cambiar al esquema de recorte y austeridad por ese pasado. Pero ¿quién se ha hecho responsable de las consecuencias y de sus resultados? ¡Nadie! Nadie asume la responsabilidad de sus fracasos. Los vemos ahí postulando afrentosos, repitiendo, buscando votos como si nada hubiera pasado.

Nadie asume la postura científica del ensayo-error al votar: si hay una crisis y el experimento no funcionó, en vez de cambiar la pregunta se maquilló la realidad echando la culpa a otros: la CIA, al imperialismo, al progresismo, etc. Y seguimos en déficit, altos índices de pobreza y desigualdad. Si hubo bonanza, fue una burbuja. Vino otro gobierno, borró lo iniciado por el anterior que sí funcionaba o agravó las crisis en lo que ya estaba mal. Especialmente la corrupción, porque se repitió con nuevos actores.

El problema es el sectarismo. Importa más que los otros ya no estén gobernando, sino que mi bando esté en el poder. Sin sentido común, sin un mínimo de crítica, la gente que apoya a derechas, izquierdas o populistas, ven a sus líderes y partidos como ver el fútbol: con fanatismo, pierda o gane es su equipo, así haya fracasado. Si me orinan en la cara, diré que es lluvia, pero gobiernan los míos.