Comisiones anticorrupción y de la verdad

- 03 de agosto de 2019 - 00:00

Las Comisiones Anticorrupción, de la Verdad, de los Derechos Humanos y de Defensa de la Vida justifican su existencia cuando predomina la injusticia y la impunidad, la mentira y el ocultamiento de la verdad histórica, la violación de los derechos humanos y la destrucción irracional de la naturaleza y todas las formas de vida.

Constituye un muy alto honor formar parte de las comisiones mencionadas. Nombramiento que debe encontrarse respaldado con una historia personal al servicio de causas que lo convierten en un referente en la lucha por el mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades y la naturaleza.

Es un compromiso ético con uno mismo, un servicio para con la sociedad, la humanidad y un ejemplo a seguir por las futuras generaciones. Si todas las instituciones del Estado y las comunidades cumplieran con sus obligaciones morales viviríamos como en un “paraíso terrenal”.

Serían innecesarias las comisiones señaladas. Lamentablemente, en Ecuador y casi la totalidad de los países se requiere la existencia de comisiones que luchen contra la corrupción, el falseamiento de la historia, la manipulación de la información, la explotación económica y social y contaminación ambiental.  

Es un grave error que activistas sociales se alejen de su participación en las comisiones anticorrupción y otras por falta de apoyo del Gobierno, de autoridades judiciales y control. Debe ser todo lo contrario.

Mientras mayor sea la indiferencia, obstrucción y corrupción de las instituciones y organizaciones, mayor debe ser la permanencia, perseverancia en las investigaciones y exposición de los resultados, sin importar que utilicen o no los informes acusatorios. Deben quedar señalados para la historia.

Como sostiene el poeta español Juan Gil-Albert: “No siempre se vence con las armas; en ocasiones son las plumas las que atestiguan que el espíritu está en pie, ya que no resulta tan fácil hacer caer sobre él la losa del olvido”. (O)