Ciudad inteligente o ciudadanos inteligentes

- 14 de noviembre de 2019 - 00:00

El Dr. Michael Batty, profesor de Planificación de la Universidad de Londres, dice: “Si la esencia del desarrollo urbano se basa en la acción individual, entonces una ciudad solo puede ser tan inteligente como lo son sus ciudadanos”.

Es muy popular ahora hablar de ciudades inteligentes, que es una idea que surgió en el inicio del siglo 20 por el planificador urbano Le Corbusier, que entendía que las ciudades eran el hogar, diseñadas como la “máquina donde vivimos”.

Los avances tecnológicos que van desde sensores, grandes datos (Big Data), gran ancho de banda e inteligencia artificial (IA) hacen que las ciudades inteligentes sean una realidad. Tenemos ejemplos de ciudades inteligentes en Europa, Norteamérica, algunas ciudades en el Lejano Oriente y aun en Latinoamérica que están aumentando su infraestructura con tecnologías inteligentes.

Los países crean institutos orientados hacia la transformación de sus ciudades, los municipios crean dependencias dedicadas a buscar tecnologías que aceleren el progreso urbano. El objetivo es hacer que las ciudades sean más inteligentes, mediante datos y tecnología digital para conseguir hacer más con menos.

Sin embargo, este entusiasmo en transformarse en ciudades inteligentes, el cual ya está en nuestro Guayaquil, probablemente se ha olvidado de que el más importante elemento de cualquier ciudad son sus propios ciudadanos.

En verdad, las tecnologías de las ciudades inteligentes están para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, pero el verdadero mejoramiento empieza con mejorar la gente misma y no únicamente los sitios donde viven. De lo contrario, la ciudad inteligente del futuro no tendrá mucho chance de mantener prosperidad sostenible, si su gente no es realmente inteligente.

Las tecnologías inteligentes no podrán liberar los valores económicos y sociales, si están sirviendo a una población que está pobremente equipada para capitalizar las eficiencias y oportunidades que ellas crean. Se necesitan ciudadanos pensantes para interpretar correctamente la información generada por los adminículos inteligentes (ya vemos el resultado con los smartphones).

Es decir, los ciudadanos tenemos que ser más inteligentes que las ciudades en las que vamos a vivir. Y eso no se da únicamente aplicando tecnología o mejorando la infraestructura. (O)