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El Telégrafo
Bernardo Sandoval

Hipotecados a China

09 de diciembre de 2018 - 00:00

Hipnotizados por China.  Sí.  Ecuador y algunos países del mundo están seducidos por China y han sucumbido a su embrujo.  Este fenómeno ha resultado en una reducción del enorme  ascendiente que otrora tenía Estados Unidos.  El imperialismo yanqui, caracterización derogatoria de sectores de la izquierda resentida, sirvió para alimentar la equivocada idea de que los males de América Latina eran consecuencia de la política de los EE.UU. a los que culpan de haber expoliado a la América del sur del Río Grande. 

Culpamos a otros sin ver que nuestros males son producto de la indisciplina, desorden, de constituciones políticas absurdas, del incumplimiento sistemático de la Ley, de la corrupción extendida, de una justicia inepta y de una impunidad instituida que caracterizaron nuestra vida republicana.

El desarrollo económico de China en los últimos treinta años  es impresionante y no tiene parangón en la historia de la humanidad.  El comunismo de la China, tras la muerte de Mao Tse-Tung, fue reemplazado por un capitalismo  a ultranza, en el que la explotación de la fuerza laboral permite una producción exuberante y exportaciones masivas a precios sin competencia, lo que ha generado una transformación en el comercio mundial. 

El poder económico de China le permite extender su influencia a través de ubicar capitales en forma de préstamos y de obtener contratos, en el mundo,  en negocios petroleros, de comunicación, de ingeniería y otros.  Los gobiernos de Alianza PAIS han sido claros ejemplos de la dependencia de China.  Coca Codo Sinclair, la preventa de petróleo, Petro-China, los radares, los dispositivos de vigilancia electrónica y  la contratación de una deuda onerosísima nos han anclado en una relación económica inescapable con China que nos tendrá atados a ella y sometidos en muchos aspectos. 

Ya es hora de reaccionar y regresar a ver a otros países para negociar.  Ya es hora de tomar grandes decisiones en materia de conducción económica que, por ser antipopulares y políticamente costosas, no dejan de ser indispensables.  La gangrena no se cura con paños tibios y, si no reaccionamos con firmeza, lo que viene puede ser dramático.  Al final, por la incapacidad de resolver nuestros problemas, acabaremos sometiéndonos al Fondo Monetario Internacional y regresaremos al discurso anti imperialista. (O) 

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