China en la Colonia

- 08 de agosto de 2019 - 00:00

La historia del comercio en el Pacífico ha sido poco estudiada en comparación con el mundo del Atlántico, donde se concentró la mayor actividad comercial de los centros imperiales desde el siglo XVI.

Se sabe muy bien que parte de la plata extraída de América se acumuló en Europa e impulsó el capitalismo, pero se conoce poco acerca de toda la riqueza que circuló por el Pacífico nutriendo a China y otros circuitos de la zona, articulados -además- a Portugal. Difícil contabilidad.

El Pacífico era el mar del otro lado, relativamente aislado, donde se formaron circuitos operados por “contrabandistas”. Pocas décadas después de instaurado el orden colonial español en América, ya había contrabando de productos chinos en la costa del área andina, facilitado por comerciantes y piratas.

Parte de la plata extraída de Potosí y México, convertida en dinero, fue a parar a China, debido a que desde el siglo XVI, o sea, desde el amanecer de la Colonia, ya se activó la ruta clandestina, por donde se introducía especialmente la seda y porcelana. Dicho de otro modo, aunque la histórica Ruta de la Seda fue fundamentalmente terrestre, un hilo contrario comenzó a fortalecerse por medio del olvidado mar Pacífico.

Drake, el famoso caballero pirata inglés (1577), durante sus andanzas entre Puerto Viejo (Manabí) y Panamá, tropezó con un barco cargado de telas de lino, sedas y platos chinos. Por su parte, Tomás Cavendish declaró en 1586 que desde México avanzó a China, para explorar mercado y hacer negocios.

El pirata Oliver van Noort afirmó en 1598 que el contrabando de seda entraba a Filipinas, a donde llegaban cada año “más de cuatrocientos barcos chinos de la ciudad y comarca de Chincheo”. En el siglo XVIII circulaba en Portoviejo loza asiática y en Guayaquil “polleras de persiana china”.

En 1749 un funcionario español señaló que los barcos que venían de Nueva España (México) traían la mercadería de contrabando proveniente de Asia, que ingresaban preferentemente por Atacames, Manta y Puerto Viejo, por iniciativa de comerciantes de Guayaquil.

Como vemos, en el siglo XVI no solo se inició la colonización, sino también un modelo de interdependencia global, por medio del cual el excedente del capital extraído de las colonias americanas nutrió los centros de poder que hoy dominan a escala planetaria, mediante la tecnología, el comercio, el crédito y las corporaciones. (O)

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