El caudillismo no es democracia

- 18 de enero de 2020 - 00:00

El presidente ruso, Vladimir Putin, de un plumazo destituyó a sus ministros y propuso enmiendas constitucionales para mantenerse en el poder, incluso después de 2024. Es presidente desde 2000 y, luego de Stalin, es el gobernante que más años ha estado en el poder. Así abandone la presidencia, Putin se las arreglará para dominar desde el cargo que ostente.

¿Le suena familiar? El concepto de democracia y república –con alternancia, elecciones libres, división de poderes, conquista de derechos civiles– está ligado a Occidente, así sean monarquías. Geopolíticamente nuestra visión de democracia la hemos ejercido en Latinoamérica bajo la influencia estadounidense. Debido a su alternancia, Stalin, Kruschev, Brezhnev y el mismo Putin han tratado con el doble de presidentes yanquis.

El modelo caudillista con partido hegemónico es un síndrome que se ha exportado a Latinoamérica desde los años 60 del siglo pasado, con la familia Castro en Cuba, los Ortega en Nicaragua, el chavismo en Venezuela, kirchnerismo en Argentina y ahora el correísmo en Ecuador. ¿Escucharon a Rafael Correa decir que su candidata a presidente sería su hermana Pierina y sin alianzas, porque no confía en nadie más? Pasamos de dictadores proyanquis de derecha de los 60 a 80, a gobiernos “democráticos” de líderes totalitarios de izquierda elegidos por voto popular, en el siglo XXI.

La Rusia de Putin, la China del Partido Comunista, la Irán de los ayatolas, la Turquía de Erdogan han buscado extender vínculos económicos y políticos con esos gobiernos izquierdistas; intentando imponer de manera light un sistema alejado de los valores democráticos de Occidente, limitando la conquista de derechos, de igualdad o libertad de prensa y empresa.

Se pretende maquillar como modelo exitoso de socialismo. Pero con una oligarquía estatal vinculada al partido, con control de poderes. (O)

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