Capitalismo salvaje o socialismo (I)

- 04 de febrero de 2015 - 00:00

El capitalismo es un sistema socioeconómico explotador de las clases asalariadas, vía propiedad privada de los medios de producción altamente concentrada y obtención del excedente o plusvalía, creado por la fuerza de trabajo, convertida en mercancía. El mercado, con regímenes de competencia imperfecta y el dominio de monopolios y oligopolios nativos y del extranjero se impone.

En su fase superior, imperialismo, se caracteriza por la extrema concentración de la producción y las finanzas internacionales; en el dominio global de las transnacionales y grandes potencias (G-7); la supremacía del capital financiero: exportación de capitales con procesos que lesionan la soberanía y someten más nuestras economías; el control político militar de tipo neocolonial, invasiones y guerras; reducción de recursos para financiar el gasto social; y, desde hace cuatro décadas, las prácticas neoliberales que, en el proceso de globalización, reacomodaron al capital financiero internacional; buscando la mundialización del ‘capitalismo salvaje’.

En los países capitalistas subdesarrollados, a través del FMI y el Banco Mundial, con el consenso de Washington impusieron las políticas de ‘ajuste’ y ‘liberalización’ de los mercados, redujeron aún más la organización y acción de los débiles Estados sometidos al gran capital; los presupuestos estatales los orientaron al pago de gigantescas sumas por la deuda externa, lo que hipotecó las naciones.

Obligaron a un aperturismo externo, indiscriminado, en desmedro de la producción local; a privatizar las empresas estatales rentables; a concesionar en condiciones írritas los servicios públicos y explotar los recursos naturales, depredando y contaminando el ambiente. En Ecuador obligaron a estatizar la banca privada quebrada, tras el atraco de fines del siglo pasado.

Impusieron la organización oligárquica del Estado y redujeron su presencia, liquidando la planificación, regulación y controles; en una palabra, ‘liberalizaron’ los mercados, priorizando el interés individual-empresarial, frente al interés colectivo y nacional.

La maximización de la ganancia del capital, a como dé lugar, ha sido el motor de la economía y la vida social; desde allí se han dado procesos irreversibles de acumulación, pauperización de las masas laboriosas y  mayor concentración del ingreso; las dictaduras sangrientas; la militarización de la economía y, por tanto, invasiones y guerra. Crisis periódicas, que se superan con mayores sacrificios y penurias para las clases populares, han caracterizado al capitalismo de los últimos tiempos.

América Latina ha sido víctima del sistema opresor; por ello, a pesar de ser la mayor proveedora de alimentos, tener la tercera parte del recurso agua y bosques del planeta, y ser gran exportadora de materias primas, unos 200 millones sufren pobreza extrema, siendo más de la tercera parte indigentes, es decir, población que no tiene ingresos ni para satisfacer las necesidades básicas. El nivel de vida de la mayoría es deficitario en educación, salud, vivienda, seguridad social, ambiente, etc.

Contra todo esto, históricamente los pueblos han combatido, buscando su liberación y progreso, y en función de las realidades de cada país han definido el socialismo como una gran propuesta alternativa, que busca liquidar el capitalismo, priorizando al ser humano, fuerza fundamental de producción y progreso, por sobre el capital, cambiando radicalmente las estructuras de propiedad.

Por ello, quienes buscan retornar al ignominioso pasado despotrican de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, haciéndole el coro a la oligarquía apadrinada por EE.UU. Corregir y afianzar políticas para desarrollar u organizar el socialismo es lo consecuente.