Un mundo no apto para cuerdos

- 23 de agosto de 2019 - 00:00

Bien lo decía un catalán, que desde que lo conocí personalmente prefiero no nombrarlo. “El mundo está en manos de unos locos con carnet…”. Huelgan los ejemplos y las variantes. Pero nos volvemos a detener en Jair Bolsonaro, que por azar del establishment y torpezas del progresismo terminó como presidente de Brasil y gerenciando el pulmón verde más importante del universo: el Amazonas, al que las llamas por estos días y los sucesivos incendios en los últimos 18 días vienen devastando con las terribles consecuencias que ello implica. La respuesta del Estado brasileño es nula. Ni operativos de salvataje envió a la zona. Bolsonaro, quien negó la realidad para luego atacar directamente a las ONG, ocupó su tiempo en preocuparse por las elecciones argentinas y calificar de izquierdista al primero que pasaba. Porque claro, no leyó ni dos líneas de Perón (tan militar como él) ni se cruzó jamás con Alberto y Cristina Fernández. Aunque pensándolo bien, cabe la posibilidad de que cuando los conozca termine viendo en ellos a Vladimir Ilich Ulianov y a Rosa de Luxemburgo.

Mientras Bolsonaro sigue adelante con su representación, míster Donald Trump no puede superar su condición de hombre de negocios y comprador compulsivo. Ahí anda queriendo ofertar por Groenlandia y, de paso, tuvo una ocurrencia: acabar con la nacionalidad por nacimiento. Justo en un país levantado palmo a palmo por inmigrantes. Podríamos obviar preguntarnos, luego, por qué hay tan pocos programas de humor en los medios últimamente, si no fuese porque el tema es demasiado serio.

Como serio es el presente que se avecina en Europa con una recesión en ciernes y en el planeta con el cambio climático al que Bolsonaro y su administración colaboran, para no ser menos que las grandes potencias.

No hay caso. A la hora de buscar cierto raciocinio político, un poco de sentido común en hombres de Estado, me veo en la obligación de dirigir la mirada hacia  una pequeña finca campestre en las afueras de Montevideo, para encontrar allí lo más parecido a un oasis en este desierto de ideas, de coherencia y de sentido común, llamado José “Pepe” Mujica. (O)