Borrar con el codo…

- 12 de julio de 2018 - 00:00

…Lo que se escribe con la mano, es el adagio español que se aplica para quien borra una respuesta que estuvo mal o porque se retracta de la reacción ante algo que le han dicho que no le ha agradado; sin embargo, no necesariamente indica que quien lo hace, no se hace cargo de su responsabilidad en algo que ha sucedido. Más bien podría indicar, ambiguamente, que está dando la razón a ambos sucesos. Por ejemplo: “No es así,  me equivoqué; mejor quito mi respuesta”. O en su defecto: “Puede ser que no le guste lo que dije, mejor retiro lo dicho”.

Pero cuando se refiere a los gobiernos que están trabajando en iniciativas tan loables como luchar contra la corrupción, este dicho se aplica cuando su trabajo se limita a la simple retórica, pero no cumplen con su cometido. Se trata de la angustia que acosa a la persona que habla y enseña verdades a otros, pero que no practica en su propia vida. Ser líder lleva siempre a situaciones de dolor y angustia, situaciones que hubiera preferido evitar. Incluyen experiencias tan amargas como la oposición, el abandono o la traición. Todas estas experiencias son parte de la vida de un gobernante, quien debe indicarnos el camino a seguir.

El líder maduro entiende esta realidad que ha sido incluida en el poder representativo y en la autoridad que le hemos conferido; y lo acepta como parte de lo que significa ejercer influencia sobre los ciudadanos. El líder que aún conserva sensibilidad a la existencia de esta incongruencia en su propia vida personal,  no podrá soportar por mucho tiempo la dicotomía en la que está viviendo.

No creo que el gobernante no pueda hablar ni enseñar temas sobre los cuales no tiene experiencia. “No hace falta ser gallina para saber que el huevo está podrido”. Pero sí debe saber que su autoridad tiene una relación directa con su compromiso de vivir lo que enseña a otros. Eso le da el poder y el respaldo de que su forma de vivir da el mensaje de que predica con el ejemplo.

No podemos repetir, con otro estilo, los diez años de “manos limpias, mentes lúcidas y corazones ardientes” que realmente fueron todo lo contrario. Si vamos a luchar contra la corrupción, como así le dijimos mayoritariamente en febrero a nuestro gobernante, lo tenemos que hacer en todos los aspectos. Y parece que, con menos recursos, la competencia por el dinero se vuelve más voraz. (O)