De cómo la Biblia moldeó nuestra lengua

- 21 de agosto de 2018 - 00:00

La historia de nuestra lengua, como la de todas las actuales lenguas europeas, está ligada a la historia de la Biblia, no solo porque su traducción dejó huellas en los lenguajes escritos. Además sus expresiones moldearon las hablas cotidianas. Primero hay que aclarar que la Biblia no es un libro, sino una biblioteca de muchos autores y estilos.

Su primera parte es la Biblia Hebrea, de 24 libros para los judíos, o Antiguo Testamento, de 39 libros para los cristianos, y se escribió en hebreo. El Nuevo Testamento tiene 27 libros y fue escrito en griego. Desde ahí ya se diferencian los libros, porque el hebreo es sencillo y directo, mientras el griego es complicado y “latoso” para los gustos actuales. Pero dentro de cada testamento también hay diferencias. La versión bíblica que influyó en el español antiguo (siglo X) fue la Vulgata, traducción al latín vulgar del siglo IV.

¿Qué nos dejaste de herencia en el habla diaria, oh Biblia? “Guárdame como a la niña de tus ojos…” (Salmo 17:2). Hoy los oftalmólogos dirían la mácula, si no me equivoco. “En un momento, en un abrir y cerrar de ojos…” (1 Corintios 15:52). O sea, en un segundo, como cuando le coge el sueño en el trabajo. “El que esté libre de pecado, que lance la primera piedra” (Juan 8:7). “Cuídense  de los falsos profetas, que vienen vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos feroces” (Mateo 7:15). “Mejores son dos que uno…” (Eclesiastés 4:9).

Este último versículo dice que la unión hace la fuerza. A propósito de este libro, Eclesiastés significa predicador y es casi un manifiesto existencialista. He visto a intelectuales agnósticos admirarse de esta obra y decir que Salomón escribió mejor que Sartre. “La carne es débil” (Mateo 26:41). “Toda ciudad dividida contra sí misma, no permanecerá” (Mateo 12:25). “Ojo por ojo, diente por diente” (Éxodo 21:24). “El buen samaritano” (Lucas 10:33).

En realidad, los samaritanos eran enemigos de los judíos. La intención de usar como ejemplo a un samaritano era desterrar los prejuicios. (O)