Balanza de la prensa ‘libre’ se inclina fácil por el No

02 de abril de 2011 - 00:00

De los últimos cinco días de emisiones radiales y televisivas, hay una hipótesis atrevida: la mayoría de la prensa “libre e independiente” desnuda su posición: están en contra de la consulta y del referéndum. ¿Legítimo? Nadie lo duda. Lo grave es que esa posición se camufle en una supuesta independencia.

En el caso de la prensa escrita, el sesgo está más claro que la luna llena. ¿Cuántos diarios tradicionales aceptan en sus páginas editoriales a articulistas a favor de la Consulta? ¿Los que quieren escribir para expresar su opinión favorable a los cambios propuestos por el presidente Rafael Correa tienen espacio, los pueden convocar como columnistas invitados? ¿En las cartas al director se ‘filtra’ una a favor del Si?

Ventajosamente, muchas emisoras han dado paso al debate más abierto, a veces polémico, con todos los sectores, aunque no se sustentan con respaldo documental y hasta jurídico para hacer preguntas. Con todo, el balance es positivo en la radio, sobre todo por la presencia de actores políticos de ambos ‘bandos’.

Lo que da las vueltas por acá es si un medio se expresa a favor del Sí (ninguno de los medios públicos lo ha hecho) y más si un periodista expresa esa voluntad, ¿se considerará como una libertad de expresión y no se lo juzgará como gobiernista, oficialista, correísta, totalitario, etc.? 

Los entrevistadores de Ecuavisa y Teleamazonas no recelan para hacer preguntas bajo la tesis, por ellos ya asumida y concienciada, de que se quiere “meter la mano a la justicia”. ¿Cómo prueban su independencia? Y  ¿cómo van a desarrollar su agenda en lo que resta de campaña? ¿Generarán opinión para explicar cada pregunta de modo que las audiencias tengan elementos suficientes para que por su propia cuenta tomen una decisión a favor o en contra?
De continuar esa tendencia, la prensa ‘libre e independiente’ habrá perdido esa condición y de ganar el Si veremos otro fiasco mediático, como ya ocurrió en el pasado.

En el fondo, esa posición solo perjudica a una audiencia que no cuenta en la agenda pública de los medios de comunicación tradicionales.