Bachiller: ser o no

- 23 de febrero de 2020 - 00:00

obernar es complejo, hacerlo bien es todavía más difícil, contentar a la mayoría es casi imposible y contentar a todos, decididamente imposible.

Muchos se han manifestado por la eliminación del examen Ser Bachiller y a favor de regresar al sistema del libre ingreso a las universidades. Quienes están más a la izquierda en el espectro político son los más acérrimos defensores del libre ingreso a las universidades y los más fervientes opositores al examen Ser Bachiller. No obstante, sectores de la derecha política, en preámbulo electoral, también coquetean con la idea del libre ingreso a la Universidad. ¡Pura demagogia!

Supongamos que se adopta el libre ingreso, para “permitir la concreción de los sueños de los estudiantes”. La verdad es que la capacidad instalada del sistema de Educación Superior en Ecuador solo permitiría el ingreso del 55% de los postulantes. ¿Cómo se puede hacer cuando en los últimos 10 años se cerraron 26 universidades? Lo cierto es que habría que crear muchas nuevas universidades o liberar los cupos en las existentes, con lo cual se potenciaría la masificación, se proyectaría el hacinamiento y se destrozaría la calidad de la educación universitaria.

¿Acaso se promovería la aparición de nuevas universidades de garaje, baratas y malas, paralelos de 250 estudiantes o la aprobación de nuevas carreras de alta demanda, como Medicina, con profesores mediocres e infraestructura deficiente? Parafraseando a un antiguo ministro de Educación francés, Alain Peyrefitte: “Sería como organizar un naufragio para ver quién puede nadar”.

El examen Ser Bachiller debe sobrevivir. Ya no es el único elemento de consideración para el acceso a la Universidad pues, con razón, se ha tomado en cuenta la historia académica del postulante como el elemento de mayor valor ponderal. Por otro lado, quien quiere perseguir sus sueños y concretar una determinada carrera, puede seguir preparándose y rendir el examen las veces que necesite para obtener la nota deseada. No es un examen de rendición única.
Como decía Ovidio, el poeta romano: “La gota horada la piedra, no por su fuerza, sino por su constancia”. (O)

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