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Xavier Guerrero Pérez

¡Así perdemos todos!

20 de septiembre de 2021 08:40

Luego de más de dos años de que el pueblo ecuatoriano se expresó en las urnas y eligió a 7 personas para ejercer como consejeros del CPCCS; a la fecha tenemos una administración muy particular, la cual, a mi juicio y clarificando que mi lectura es sobre las actitudes y no contra las personas, se ha caracterizado y se caracteriza por:

 

  1. a) “todo” es pleito: han sido varias las ocasiones en que, como gobernados, hemos sido testigos de los conflictos y las fricciones que se suscitan en las sesiones del CPCCS: que los grupos que se forman, que hay un frente de mayoría y un frente de minoría, que una cosa es la presidencia y otra las consejerías y, por tanto, el pleno del organismo debe marchar de esta manera… Consecuentemente, no se observa que el espíritu del consenso se manifieste, y, más bien, se pudiera interpretar que el espíritu del ego es el que azota y “toma cuerpo” y, con ello, poco se avanza, los problemas siguen, y nada progresa.

 

  1. b) se imita lo incorrecto: a decir de dos consejeros del CPCCS, la actitud de quien ejerce la presidencia de la entidad no es de las mejores. En la sesión del pasado sábado, mientras una de las consejeras le solicitó a la presidenta que adopte una cultura de respeto para sus compañeros, otro de los consejeros esgrimió: “usted ha retornado (luego de su licencia) peor que antes”, refiriéndose a que supuestamente se apagan los micrófonos, las cámaras y no se permite la intervención. Tales aseveraciones se alejan de ser pretensiones que den lugar a la duda cuando la propia persona aludida no rechazó esos señalamientos.

 

  1. c) ¿Y “para cuando” la participación ciudadana? Poco o nada se ha hecho. Por ejemplo: esta administración del CPCCS (y las anteriores) ha dicho algo respecto al estado de los mecanismos de “la silla vacía” en las Alcaldías y Municipios: ¿Se están realizando? Como han sido armonizadas a través de ordenanzas municipales, ¿Cumplen su razón de ser?, por citar varias preguntas. Sigamos: esta administración del CPCCS (y las anteriores) se ha preocupado realmente en profundizar si los mecanismos de incidencia ciudadana como las veedurías efectivamente están facilitando los derechos de participación (hay conflictos en varias de ellas, o no; culminan las mismas, o no; se les da el acompañamiento técnico y político, o no…). Es más, hace pocos meses atrás se intentó reconocer a ciudadanos cuyo accionar en la sociedad ha sido precisamente el impulso y la defensa de la participación ciudadana. Es justo y decente reconocer que quien hoy está en la presidencia fue quien “empujó” esta acción administrativa, pero, quizá por desconocimiento, no logró consenso y “se cayó” la diligencia cuando sus demás compañeros reclamaron, entre otras cosas, que las carpetas de los ciudadanos propuestos no habían sido socializadas, que no se conocía si realmente los mocionados eran personas con probidad profesional y logros en materia de participación ciudadana… En fin, se aprecia que, nuevamente, el enfoque ha sido y es la designación de autoridades.

 

  1. d) la precipitación: y sí, eso se notó cuando se eligió al exsecretario general del CPCCS como Defensor del Pueblo, en calidad de encargado. Esta decisión (de 4 consejeros, sobre 3 abstenciones) produjo cuestionamientos, y, debo decirlo, han sido muchos; la razón está en que quien actualmente ha sido designado cuenta con trayectoria y conocimiento en temas de índole aduanero y no en la defensa y promoción de los Derechos Humanos. Sonó ingenuo escuchar el criterio que justificaba la elección: “… nosotros le conocemos… tiene don de gente… él está cursando sobre derecho constitucional y derechos humanos”. Que una autoridad de una noble, importante y trascendental institución que es parte de la Función de Transparencia y Control Social se permita fundamentar su decisión -legítima- en ese criterio es sencillamente triste, y más cuando surgió la voz desde una consejería CPCCS: “se lo elige por afinidad de amistad y no por su idoneidad académica y profesional”. Creo que la respuesta que merece esa actitud es la que leía de un ciudadano en redes sociales: “mañana construiré mi casa de cuatro pisos, con subterráneo y sistema de ascensor, y llamaré a quien está cursando arquitectura, que es mi amigo y siempre ha sido “de la gallada” para que me ayude y la deje bien chévere”.

 

Me da pena decirlo, pero así perdemos todos.

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