Argentina-Brasil, hermanos gemelos

- 25 de agosto de 2016 - 00:00

La estrecha alianza entre Argentina y Brasil a partir de la instalación de los gobiernos de Lula y Néstor Kirchner rompió con el proyecto norteamericano de afianzar su poder en el continente.

La alianza entre Lula y Kirchner fue un hito en las relaciones de los dos países. Un hito a partir del cual se fortaleció el Mercosur y se expandieron los procesos de integración regional hacia Unasur, el Banco del Sur, el Consejo Sudamericano de Defensa, Celac. Nunca EE.UU. estuvo tan aislado de Latinoamérica como aquel momento. Fue una marca notable de la historia de nuestro continente en el siglo XXI. Los movimientos sociales, partidos de izquierda, gobernantes, intelectuales se han movido siempre de forma similar y coordinada, con la conciencia de que los procesos históricos de ambos países son estructuralmente articulados; los destinos de los dos caminan irreversiblemente juntos. Quedó claro hacia dónde van Argentina y Brasil: América Latina.

No es un accidente que las operaciones de retorno de la derecha reciban un apoyo tan inmediato y entusiasta de Washington, con visitas y acuerdos de las autoridades norteamericanas, recibidas por los gobernantes de los dos países con la actitud subalterna que caracterizó a esos países en gran parte del siglo pasado. EE.UU. tiene conciencia de lo que significa para sus planes internacionales romper el aislamiento que sufría en Latinoamérica y, al contrario, poder contar con gobiernos para debilitar al Mercosur, Unasur, Celac y, al mismo tiempo, dar oxígeno a la Alianza del Pacífico.

Ese cambio simultáneo en la correlación de fuerzas hace que el péndulo del continente tienda hacia el otro lado. El Mercosur siente los efectos de las transformaciones, así como el clima político general en la región. Uruguay, Bolivia, Ecuador y Venezuela reaccionan de forma solidaria, conscientes de cómo los cambios ponen en cuestión los destinos mismos del continente. En un libro que saldrá próximamente, con el título Las vías abiertas de América Latina, que yo coordiné, con análisis sobre Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay y Venezuela, se abordan los procesos vividos por esos países en este siglo, como interpretación indispensable, hecho desde adentro de esos procesos, para enfrentar las crisis y buscar formas de superación. Un análisis general de Álvaro García Linera da el marco general de la situación del continente, mientras que textos de Ricardo Forster, Manuel Canelas, Emir Sader, René Ramírez, Constanza Moreira y Alfredo Serrano enfocan la situación de cada país.

La conciencia de la naturaleza de la nueva situación del continente, así como la coordinación de los esfuerzos de todos los países, es condición indispensable para enfrentar la contraofensiva imperialista protagonizada por las derechas de nuestros países. La gran mayoría de las fuerzas que se oponen a los proyectos de restauración conservadora tiene conciencia de ello, aunque existan, absurdamente, quienes se suman a la lucha en contra del golpe en Brasil, pero no lo hacen hacia un gobierno absolutamente similar en sus intentos macabros, como el de Mauricio Macri en Argentina.

Si recién se ha avanzado de forma más o menos empírica en esos países, promoviendo los más grandes avances obtenidos simultáneamente en nuestra historia, ahora solo podremos seguir a partir de una conciencia clara de las razones por las que hemos logrado esos avances, por qué nos enfrentamos a los obstáculos impuestos por la derecha y de qué forma podremos construir un nuevo ciclo de avances, que solo podrán ser a partir de la coordinación política, social, económica e intelectual. (O)

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