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El Telégrafo
Felipe Rodríguez

Amos y esclavos

20 de enero de 2020 - 00:00

La filosofía sirve para pensar. ¡Y cuánta falta le hace el pensamiento a nuestras vidas mecánicas, irreflexivas, mundanas! Esta cápsula es para cambiarles el día.

No les recomiendo leer Phänomenologie des Geistes (Fenomenología del Espíritu), de Hegel, pues he leído tres veces sus 1.185 páginas y confieso que no entiendo ni el 15% de lo que dice, pero lo poco que entendí quiero compartir con ustedes para ahorrarles el dolor de cabeza.
Hegel nos presenta la dialéctica del amo y el esclavo como parábola sobre el “ser social del hombre”. Los personajes son un amo y un esclavo.

Pongan atención: el amo es amo siempre y cuando así sea reconocido por su esclavo, y el esclavo es esclavo mientras tenga como sujeto antagónico la figura del amo. Así, el esclavo renuncia a su deseo (libertad) para satisfacer el afán de dominación del amo. El amo (sujeto) se constituye solo cuando el esclavo (objeto) acepta su condición.

El humano se mueve por el deseo y el reconocimiento. Somos autoconciencia. El deseo humano desea el deseo del otro, desea que el otro lo reconozca. El deseo presupone una carencia, un vacío a ser llenado y un impulso hacia un “otro”. Yo soy profesor universitario siempre y cuando así me reconozcan mis alumnos, y ellos son alumnos en tanto y cuanto así yo los reconozca, es decir, todos vivimos del reconocimiento. “Ser alguien” es un deseo irrenunciable, es la característica que nos hace humanos y nos distingue de todas las especies.

Para que exista un deseo se requiere de un deseo ajeno, de una interacción de deseos. Todo deseo humano se ejerce en función del deseo de reconocimiento, de reconocimientos mutuos. No se es humano sino en la medida en que queremos imponernos a otros deseos.

¿Qué pasa cuando el esclavo se rebela al amo? Entonces el amo deja de ser amo. No seré el mejor escritor de novelas si nadie compra mis libros, tampoco seré autoridad sin subordinados. Se es “ser social” por representación.

Quizá lo mismo pase con los dioses y sus devotos, con los caudillos y sus groupies, con los maltratadores y los maltratados. Quizá entendiendo esto podemos elegir nuestros deseos y representaciones. Quizá mañana podamos entender el odio, la adversidad, el progreso y por fin entender lo que representamos y lo que permitimos que otros representen para nosotros. (O) 

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