América Latina y el plástico

- 28 de junio de 2019 - 00:00

El turista termina de comer y el viento se lleva el plato desechable. A pocos metros, una familia local consume refresco desde una botella de polietileno tereftalato (PET) que poco después terminará en las aguas del Caribe. En Cuba, las bolsas de plástico de los mercados han sido parte de la vida cotidiana por más de dos décadas.

Consideradas casi un símbolo de estatus en los años 90, cuando empezaron a difundirse de la mano de la apertura de las primeras tiendas en pesos convertibles, son actualmente usadas para una gran diversidad de tareas diarias: desde reparar una tubería rota, hasta cubrirse la cabeza en un día de lluvia. En la Bahía de La Habana se les ve flotar junto a las botellas y las latas de cerveza en las oscuras aguas que huelen a hidrocarburos.

Lo que ocurre en la isla es parte del drama que se vive en todo el continente. Según un informe de Naciones Unidas, un tercio de todos los desechos generados en las ciudades latinoamericanas terminan en vertederos abiertos o va a parar a la naturaleza.

Cada día, unas 145.000 toneladas de residuos se eliminan de forma incorrecta y solo el 10% vuelve a usarse gracias al reciclaje o la aplicación de diversas técnicas de recuperación. Algunos países como Chile, Perú y Costa Rica han plantado cara legal a esta situación, mientras que otros, como Jamaica y Panamá, empiezan a trazar alianzas regionales.

Pero el problema tiene raíces que se hunden en la educación, la formación medioambiental y hasta en la autonomía o en el poder de la sociedad civil para hacerse escuchar. Mientras millones de ciudadanos de esta parte del mundo sigan creyendo que la contaminación es algo lejano que ocurre solo en un lejano basurero, o en remotos océanos, y que ellos están a salvo puertas adentro de sus casas, poco podrá lograrse.

De mantenerse una mentalidad que ubica el consumismo y la exhibición de bienes materiales por encima de la protección del planeta, tampoco se logrará mucho. (O)

* Tomado de DW