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El Telégrafo
Mónica Mancero Acosta

América Latina gira a la izquierda

31 de julio de 2022 - 01:00

Excepto Ecuador, Brasil, Uruguay, El Salvador, casi todos los países de América Latina han dado un giro político a la izquierda o están por darlo, como en el caso de Brasil, donde seguramente ganará Lula frente a un Bolsonaro totalmente desgastado.

Pero preguntaríamos ¿qué izquierda? Claro, ya la izquierda no es la misma desde que nos cayó el muro en las caras de mi generación embobada aún por un supuesto socialismo posible. Según Giddens, luego de esta caída, las izquierdas podrían ser calificadas como conservadoras en ciertos casos, como cuando se trata de mantener el patrimonio del Estado o las bondades del Estado de bienestar. En cambio, las derechas se radicalizan hacia el mercado como el eje regulador no solo de la economía sino de las propias sociedades, además promoviendo un individualismo y conservadurismo por cuestiones como la política sexual, la religión, la familia.

Sin embargo, a mi parecer, el tema de la justicia sigue siendo un valor de lo que hoy podríamos denominar izquierda, mientras que la derecha, abanderada de la libertad termina defendiendo la prisión de una lógica mercantil individualista. La izquierda no debería ceder a la derecha la libertad, es un valor no solo “burgués” sino propio de la dignidad humana.

Nos preguntaríamos si será que los habitantes de América Latina han dado un giro ideológico nuevamente, luego del ciclo anterior de los socialismos del siglo XXI que ya parecían agotados. Más bien se trata de un efecto péndulo, de un voto de oposición a los que están en el poder en sociedades cada vez más desesperadas que se decantan por una agenda de corte social y de ciertos reconocimientos que se incluyen en los programas de nuestros países. La derecha tuvo su oportunidad y las desigualdades solo se han pronunciado, la pobreza ha subido en parte por la pandemia pero también por ese énfasis en mantener políticas neoliberales que nunca han dado el bienestar y crecimiento prometido. Esto sumado a un escenario mundial de guerra, las cosas pintan para peor.

De cualquier forma, prácticamente en once países latinoamericanos sus electorados han apostado a la izquierda. Sin embargo, esta izquierda ya no es un bloque homogéneo que se inspira en un socialismo del siglo XXI, bastante autoritario y que a la final terminó traicionando sus propios proyectos políticos. La izquierda hoy luce heterogénea, indudablemente persiste esa izquierda dura de Cuba, Nicaragua y Venezuela, que se sostienen con más dominación que hegemonía y se imponen sin permitir ningún tipo de oposición ni disenso.

Por otra parte, en países como México, Honduras, Bolivia y Argentina, perdura un enfoque más desarrollista que aún sigue el libreto más tradicional de una izquierda de un cierto carácter populista. Lula vendría a sumar a ese bloque ya que ha rechazado la propuesta de Petro de un antiextractivismo calificándolo de ingenuo.

No obstante, una izquierda rejuvenecida con un recambio generacional aparece en la región, es el caso de Colombia y Chile. Estos presidentes han puesto en sus agendas temas como el antiextractivismo, el cuidado del medio ambiente, de sexualidades diversas y de género, que no solo pasa por la identidad y el reconocimiento sino también por la concreción de derechos que aún no se han efectivizado en nuestros países.

En el caso de Colombia se abre una ventana amplia de oportunidad en su historia para un proyecto político distinto, en un país de hegemonía de la derecha practicamente en toda su vida republicana. Esto, unido al gran símbolo de una mujer afro, Francia Márquez, en la vicepresidencia, da esperanza en la representación de “los nadies” que han llegado al poder. En el caso de Boric, en Chile, está pendiente la aprobación de la Constitución en próximas semanas, ahí se juega mucho y la derecha se ha estado rearmando. Algunas decisiones controversiales del propio Boric han abonado para una pérdida rápida de su popularidad lo cual estaría dificultando la opción del “apruebo” en la Constituyente.

Así, el escenario se abre para Ecuador aunque aún nos quedan tres años que se van a hacer muy largos para quienes no comulgamos con la agenda neoliberal, pero no solo eso, sino la sorpresa de una administración tan ineficiente de lo público va a hacer que esta espera desespere. En fin, de acuerdo a las últimas encuestas el escenario político se está reconfigurando como consecuencia del paro del movimiento indígena, se trata de una población que ya no se siente identificada por el clivaje correísmo/anticorreísmo y que puede tomar una ruta nueva y fresca que esperemos se configure en el país.

 

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