El Telégrafo
El Telégrafo
Ecuador/Vie.5/Mar/2021

Columnistas

Tendencias
Historias relacionadas
Mariana Velasco

Alguien debe cambiar

06 de enero de 2021 00:00

Transitamos los primeros días del nuevo año y posiblemente los anhelos más comunes son vacuna, salud, empleo, abrazos familiares. O tal vez sea luchar día a día para cristalizar los sueños y visualizar un futuro mejor, sin importar como luce. Desde este espacio, invito a tomar impulso para que las cincuenta y dos semanas sean de buenos propósitos, bienestar y accionar cívico una vez que, de forma oficial, arrancó la campaña electoral para seleccionar uno de entre diez y seis binomios presidenciales.

Es el momento como clase política y sociedad civil, renunciar al individualismo que nos caracteriza para buscar metas comunes y privilegiar los intereses colectivos sobre los partidarios. ¿Por qué hacerlo?  Alguien debe cambiar.

Hacen falta mujeres y hombres con ideas renovadas, sin herencias ni acomodos a sus espaldas y piensen en el país como una unidad, con objetivos claros que marquen la ruta hacia dónde queremos ir, con políticas públicas qué los diferentes gobiernos puedan dar continuidad al camino elegido, más allá de los diferentes matices políticos.

Hay que desterrar la extraña particularidad de pensar que somos únicos; criticamos, juzgamos y adjetivamos a todos; nadie es bueno, todos tienen defectos de fábrica o adquiridos. Entre 16 presidenciables, uno o más, deben tener mérito propio, honestidad, probidad y capacidad para gobernarnos. Es hora de dejar de mirar sólo nuestro ombligo para tomar conciencia del mundo, del país y tratar de mejorar como individuo. Seguramente, el caos personal desaparecerá y podremos ayudar a que el del vecino también. Con amor, respeto, solidaridad, empatía y humildad dejaremos de sentirnos únicos.

Y para cambiar, lo primordial es la educación en valores esenciales y comunes a todos los que conforman la nación. Respeto y tolerancia deberían encabezar el top ten. Desactivar la frivolidad, el facilismo y acompañar estos principios con el ejemplo de cada uno de nosotros, unido a la voluntad de todos los responsables de los medios de comunicación y de los políticos que deben pensar en el largo plazo y no en la próxima elección.

Vivimos en un país donde nadie respeta las leyes de convivencia. Soberbia e irreverencia se evidencian durante la pandemia al constatar que un gran porcentaje de ciudadanos no usa mascarilla, tampoco el distanciamiento social. Y si la justicia se aplicara, Ecuador no sería un país fuera de la ley. Con justicia, la corrupción y cualquier delito serían penados, sin importar dónde se cometan, obligándonos como sociedad a respetar las normas impuestas que hoy no se cumplen.

Como muchos ecuatorianos, comparto que la educación formativa y global desde la niñez, debe ocupar el primer renglón del presupuesto nacional. De esta forma podremos solucionar problemas de salud, justicia, convivencia y calidad de vida. Además, para que los estudiantes conozcan qué es y para qué sirve nuestra Constitución hay que retornar a educación cívica en la escuela y colegio. Eso permitirá aprender las leyes necesarias para la convivencia y el respeto a la libertad del otro (inclusión, naturaleza, género, derechos). Lo demás, vendrá por añadidura.

Decisión individual y colectiva debe ser respetar las reglas de juego que fija nuestra Constitución y no correrse ni un centímetro, ejemplo que debe venir de la clase política cuya primera cualidad debe ser la ética y transparencia.

Tampoco mirar a un lado soluciona el problema. Es fundamental trabajar en la reinserción social de los excluidos, fundamentalmente a través de la educación, capacitación laboral, y microemprendimientos. El papel de las ONG en esta problemática y la participación de voluntarios y patrocinadores deben ser ampliamente difundidos y alentados.

Es la oportunidad para preguntarnos: ‘¿Qué puedo hacer por mi país y no qué puede mi país  hacer por mí?’. (O)

Las más leídas