Alfonso Sánchez Moncayo, mi amigo

- 29 de marzo de 2019 - 00:00

He ha ido en silencio, como se van los grandes de la literatura, la pedagogía y la ciencia. Alfonso Sánchez Moncayo, ecuatoriano, falleció en días pasados a los 82 años, aquejado de una repentina enfermedad provocada por una bacteria hospitalaria en un hospital público.

Los ilustres como Alfonso Sánchez Moncayo han dejado huellas profundas, inmarcesibles, en miles de estudiantes -hoy profesionales- que se regocijaron con la palabra de un maestro de maestros; de un ser humano, como pocos, que orientó su vida a formar buenas personas y excelentes ciudadanos. Allí consistió su riqueza, porque Alfonso Sánchez vivió para servir -ese era su poder-, antes que para servirse de él.

La trayectoria de Alfonso Sánchez Moncayo es conocida por la opinión pública, aunque en vida el sector educativo se olvidó -como siempre- de rendir un justo homenaje a la memoria de un hombre sencillo, capaz, dotado de una increíble capacidad de comunicar y de amar a la educación, desde diferentes ámbitos: la docencia, la administración educativa, la edición de textos, y sobre todo, su invaluable competencia para enseñar a hablar y escribir correctamente.

A lo anterior se unió en Alfonso Sánchez y su esposa Rosa Flores, su liderazgo asertivo para emprender acciones de responsabilidad social, donde la solidaridad y la honradez eran sus atributos esenciales. ¿Cómo no vamos a recordar su palabra, su humor incomparable y su música -fue un apasionado del acordeón-, y sus enseñanzas a flor de piel?

En esta época en que los valores se derrumban y se gestan voces signadas por la mediocridad, la presencia humana de Alfonso Sánchez en el escenario pedagógico de Ecuador dan colorido y esperanza para la construcción de una sociedad diferente, una educación diferente, un país diferente.

Mi amigo, Alfonso Sánchez Moncayo, ha muerto. Es grato compartir con los miles de lectores de EL TELÉGRAFO ese suceso que impacta nuestras sensibilidades y nos devuelve el sentido de vivir. Gracias, Alfonso, en nombre de las generaciones que formaste. (O)