Agenda para la nueva década

- 04 de enero de 2017 - 00:00

Comienza la nueva década (2017-2026). Tras los resultados exitosos de la década pasada, la primera después de 4 décadas perdidas por la aplicación de la política económica del capitalismo salvaje, instrumentada por la partidocracia y sus famosos ‘paquetazos’ impuestos por el FMI; el país debe iniciar toda una agenda que tiene claros propósitos: defender lo ganado, consolidar las reformas y megaproyectos, utilizar la poderosa infraestructura económico social construida, para afianzar la producción, elevar la productividad, modificar las viejas estructuras productivas impulsando el desarrollo industrial diverso y el conocimiento, mejorar la calidad de la salud y educación públicas y, en general, avanzar por la ruta de aplicar políticas redistributivas en beneficio  de las grandes mayorías. Para ello es indispensable desarrollar una agenda patriótica que garantice la continuidad del proceso.

Lenín Moreno es la opción clara, única que se ha propuesto este gran objetivo, con los ajustes que sea menester introducir al plan, alianzas y  tácticas políticas. Comienza por extender la mano a las fuerzas políticas y sociales, así como a los productores y emprendedores, que tienen visión de pueblo y de patria, para sortear la coyuntura difícil, que se derivó de la estrepitosa caída de los precios del petróleo; y no, como afirman los banqueros que saquearon el BCE, y sus voceros, por el ‘excesivo’ gasto social y falta de “ahorritos’.

Es indispensable la ejecución, en firme, con apoyo de los auténticos agricultores y campesinos, de la revolución agraria que no solo, de acuerdo con las leyes vigentes, eleve la producción, sino que redistribuya la propiedad de la tierra y mejore las condiciones de vida rural; esto contribuirá al desarrollo urbano programado, que permita ejecutar un modelo municipal inclusivo y democrático, que priorice, coordinando la acción con el Estado, la entrega de servicios básicos a los barrios y comunidades tradicionalmente marginadas de la acción municipal regentada por el viejo caciquismo y populismo de derecha.

La revolución laboral debe ser ajustada y complementada. El  sindicalismo debe ser apoyado para su renovación y ser base de apoyo de los cambios, a despecho de los viejos líderes, ahora anclados, muchos de ellos, con la visión e intereses de las trincas y explotadores que siempre fueron sus adversarios. La economía social y solidaria debe reorientarse y fortalecerse. No puede seguir oculta en el MIES; su administración requiere una organización autónoma, técnica y visión política.

Revisión de las políticas y mecanismos de selección y escogimiento de carreras en las ‘U’, así como de las formas intervencionistas ineficaces para alcanzar los correctos objetivos de eficiencia académica.

Fortalecer las políticas anticorrupción, necesarias, indispensables, merecen una profunda revisión institucional y coordinación adecuadas. No es posible continuar con la práctica de fiscalizaciones de menor cuantía y las largas listas de predeterminaciones de responsabilidad civil-penal que se archivan por cualquier razón en algún nivel del largo y engorroso trámite, desde la Contraloría hasta el Poder Judicial, pasando por la Fiscalía.

La corrupción es de afectación social y nacional y es responsabilidad de todos, hay que combatirla con eficacia, de lo contrario seguirá la cantaleta de los corruptos, en especial de los banqueros, sus analistas y voceros, que la critican, dosificada y sectorialmente, conforme sus intereses, pretendiendo que la gente se olvide de sus históricos atracos de los dineros del Estado y del BCE.

Fortalecer la organización política de la RC, revisar sus alianzas y tácticas para un plan de acción común y defensa resulta fundamental.

Por fin, lo primero, ganar las elecciones. ¡Manos a la obra! (O)