El aborto, una política pública no metafísica

- 25 de septiembre de 2019 - 00:00

En su libro La Política, Aristóteles trata el tema del aborto. El filósofo griego defiende esta práctica por dos razones: la primera, para normar el crecimiento y el respectivo control demográfico, y la segunda, aboga por la licitud de esta experiencia antes de que el embrión cobre “sensación y vida”.

Santo Tomás de Aquino, nombrado por la Iglesia católica como Doctor Angélico, Doctor Común y Doctor de la Humanidad, admite que el aborto no es un homicidio antes de la animación. Es decir, antes de que el alma o ánima se implante en el cuerpo, el aborto no es un asesinato. De hecho, la Iglesia católica desde la Edad Media hasta el siglo 19 defendió el concepto de animación mediata.

O sea, el alma no anidaba el cuerpo de manera inmediata. Por lo tanto, el aborto no podía ser considerado como pecado...

En la Modernidad, el filósofo Emmanuel Kant pensó que el respeto que uno le debe a la persona es un respeto por algo que no es la simple dimensión biológica. Y al no ser biológica o natural, lo que prevalece es la dimensión social o cultural. La persona como tal no existe mientras no sea un “sujeto moral”. Por lo tanto, Kant se opone a considerar que el feto sea una persona.

Pero la filosofía ni la ciencia pueden decidir sobre el cuerpo de una mujer y menos aún sobre el cuerpo de una niña violentada y violada.

Las niñas como “sujetos morales” que son deberían estar concernidas en primera línea para la construcción de las políticas públicas. Ni las religiones ni las moralidades pueden inspirar la construcción de la política pública.  

Naciones Unidas promueve la despenalización del aborto por constituir una violación a la libertad de las mujeres para elegir sobre su cuerpo. Libertad para 250 mujeres presas por aborto. Libertad para las mujeres que han sido violadas y violentadas por partida doble: por el Estado y por un violador. Nunca más para el Ecuador la segunda tasa más alta de embarazos adolescentes. (O)