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José Velásquez

A Tokio, a pesar de todo

19 de julio de 2021 00:03

Se llevaron el bronce en la posta 4x200m y lograron un cupo Olímpico para la posta 4x100m. El Mundial de Relevos (atletismo) en Polonia fue un sueño para Ángela Tenorio, Virginia Villalba, Anahí Suárez y Marizol Landázuri. Pero cuando aún se escuchaban los aplausos en Ecuador, Landázuri aclaró en redes sociales que la hazaña se alcanzó a pesar de que las atletas habían entrenado por separado y se habían juntado apenas dos días antes “sin planificación o apoyo económico”. Aparentemente, ni siquiera contaron con los uniformes suficientes.

La delegación olímpica ecuatoriana parte a Tokio con algunos episodios similares, que muestran cómo muchos deportistas tuvieron que sortear a la pandemia y acomodar sus metas en medio de la orfandad dirigencial. La emergencia sanitaria cerró la llave presupuestaria durante algunos meses y mientras eso sucedía hubo náufragos desamparados en países extraños,como el lanzador de disco Juan Caicedo, atrapado en España durante todo el 2020. Solo recibió dinero hasta julio; el resto del tiempo se sostuvo con la ayuda de atletas y entrenadores locales. Para este 2021 el proyecto olímpico tiene en caja algo más de 13 millones de dólares, luego de sumar un remanente del año anterior. Pero no se trata solamente de dinero sino del respeto a los deportistas antes y después de la llegada del covid-19.

En 2017 Glenda Morejón compitió con zapatos rotos y aun así nos regaló un título mundial juvenil de Marcha. A pesar de las múltiples excusas, la exsecretaria de Deporte Andrea Sotomayor (de muy ingrata recordación para un buen número de atletas y entrenadores) ya llevaba algunos meses en funciones. A Daniela Darquea, que en Tokio se convertirá en la primera golfista ecuatoriana en una olimpiada, se la tachó de “indisciplinada” en 2018 y se la expulsó del Plan de Alto Rendimiento por negarse a competir en unos Juegos Sudamericanos. En 2019 la familia de Jonathan Amores se vio obligada a organizar una rifa para pagar los pasajes a la Copa Panamericana de Marcha en México. Luego de lograr el bronce perdió su vuelo de regreso y la Federación de Atletismo recién intervino luego de que la historia de abandono de Amores en territorio azteca se hiciera viral.

En 2012 Alex Quiñonez clasificó sorpresivamente a la final de los 200 metros planos en los Juegos Olímpicos de Londres. Entonces se pensó en implementar un plan para potenciarlo para las Olimpiadas de Río de Janeiro en 2016, pero el cronograma no se cumplió y ni siquiera llegó a clasificar. Desmotivado, se alejó de la disciplina deportiva tal como había pasado años atrás, previo a los juegos de Londres, cuando cambió las pistas por la albañilería y la mecánica. Decidió regresar pensando en Tokio pero no fue incluido inmediatamente en el Plan de Alto Rendimiento. En otros países, a los talentos como él los arropan desde temprano con ayuda psicológica e incluso con asesoría laboral para que puedan encontrar empleos de medio tiempo con bajo riesgo físico.

El 1 de julio se conoció que Quiñonez había sido suspendido provisionalmente por no haber estado disponible para pruebas aleatorias ordenadas por la Agencia Mundial Antidopaje. El atleta explicó que se trataba de una falta de actualización en los datos de contacto, pero el incidente revela una clamorosa falta de acompañamiento administrativo. El flamante ministro de Deporte, Sebastián Palacios, dijo en el programa Políticamente Correcto (Ecuavisa) que se “ha hecho todo para que la Federación dé el apoyo legal al deportista y se presenten todos los argumentos”. Si la autoridad antidopaje no acepta la versión jurídica, el mejor velocista masculino ecuatoriano de todos los tiempos se quedará fuera de la competencia por un descuido administrativo.

Pero si Quiñonez finalmente recibe la luz verde será el atleta número 48 de la delegación ecuatoriana, la más numerosa en Juegos Olímpicos. Por supuesto, un buen puñado de dirigentes se atribuye el récord pero nadie da la cara cuando los deportistas y los entrenadores reclaman apoyo. Ningún otro miembro del gabinete de Lenín Moreno duró tanto tiempo como Sotomayor (2017-2021), quien increíblemente no descarta buscar la presidencia del Comité Olímpico Ecuatoriano. Bajo su administración se registraron avances pero sobre todo quedó patentado esa cultura de maltrato que podría redundar en oportunidades perdidas. Y aunque finalmente hay un nuevo ministro, está claro que las proezas que seguramente están por venir en suelo japonés no llegarán gracias al apoyo de ciertos altos dirigentes sino a pesar de ellos, de su abandono y de su negligencia.

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