17 millones

27 de octubre de 2018 00:00

Amanecimos recientemente con la noticia de que ya somos 17 millones. Este crecimiento demográfico significa muchas cosas para los ecuatorianos, nos plantea desafíos, podría abrirnos oportunidades, pero también nos da algunas alertas.

Por un lado, vemos que se ha consolidado la urbanización, puesto que 11 millones vivimos en las zonas urbanas. Las implicaciones son importantes en términos de políticas de empleo, de educación, de servicios básicos y del indispensable apoyo al agro y la seguridad alimentaria que se debe otorgar a la población.

También observamos que se ha afianzado una mayor población en la Costa antes que en la Sierra, contrariando una tendencia vigente anteriormente. No obstante, la ciudad de Quito ha crecido más que la de Guayaquil, probablemente debido al crecimiento del Estado registrado en esta última década.

La relación hombres/mujeres en la pirámide poblacional se mantiene equilibrada, aunque hay una tendencia cada vez más perpendicular en la pirámide debido al menor número de hijos, mayor porcentaje de adultos mayores y una buena parte de población en edad de trabajar.

En efecto, la esperanza de vida que está en 76 años actualmente provoca el aumento de población de adultos mayores, lo que aunado al descenso de la fecundidad contribuye a lo que se denomina una transición demográfica, tendencia que ya se advertía anteriormente para el país.

Entre 1985 y 1990, de acuerdo con la Cepal, nos encontrábamos en plena transición demográfica, y paralelamente en una etapa de modernización parcial y acelerada junto a países como México, Brasil, Perú, Colombia. La transición demográfica que está caracterizada por sucesivas etapas, implica el paso de elevados a bajos niveles de natalidad y mortalidad, y son tendencias que se registran en países denominados desarrollados.

El paulatino envejecimiento de la población supone un mayor gasto en pensiones y menor recaudación de impuestos, por ello es vital fortalecer los fondos de pensiones de la seguridad social. Por otro lado, un mercado interno más amplio podría ser una oportunidad de una economía de escala, siempre y cuando se fortalezcan el empleo y la redistribución de ingresos. La demografía es una realidad franca y clara que requiere un análisis sistemático y políticas públicas acordes con sus tendencias. (O)

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