¿Quién mueve la economía?

- 15 de diciembre de 2017 - 00:00

La economía no se mueve porque un empresario dicta unilateralmente las condiciones para invertir. La economía se mueve porque los trabajadores deciden apoyar una iniciativa empresarial en condiciones dignas, permitiendo que ambos mantengan una actividad productiva, estable y rentable.

La economía no se mueve porque un burócrata, con buenas o malas intenciones, diseña un modelo de desarrollo rígido y centralizado. La economía se mueve porque los trabajadores pueden apoyarse en un Estado que permite el flujo de iniciativas privadas, pero protegiendo a desfavorecidos a través de sistemas de redistribución solidarios. Por supuesto, la iniciativa empresarial es necesaria y dinamizadora. Los mercados en buen funcionamiento promueven innovación y crecimiento. Los empresarios no corporativistas arriesgan, tienen visión y, sobre todo, capital. Así mismo, un Estado inteligente y transparente es necesario porque apoya al empresariado con regulaciones que fomentan comercio justo, competencia y crecimiento.

Sin embargo, en Ecuador, el trabajador está prácticamente invisibilizado. La responsabilidad parcial de esta realidad está dividida en tres lugares: 1) el anterior régimen asumió que la participación social se podía canalizar solo a través de sus brazos políticos, debilitando asociaciones sindicales, 2) parte de las cúpulas de cierto sector empresarial aún piensa que integrar al trabajador en la discusión es revivir fantasmas ideológicos; y, en menor medida, 3) las agrupaciones sindicales reciclan un discurso opaco que no atrae al trabajador formal y urbano.

Esta invisibilización provoca que el debate se polarice entre el Gobierno, que apenas empieza a rehabilitar músculos atrofiados de discusión interna y externa; y entre ciertas cámaras, que sobreestiman su representatividad en el heterogéneo entramado empresarial. El trabajador es el agente estabilizador de una economía sana y estable, merece un espacio mejor y mayor en las discusiones económicas. Su representatividad puede destrabar discusiones circulares y promover mejoras en productividad y competitividad bajo un esquema de protección de derechos. A todos nos conviene su visibilización. (O)

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