Columnista invitado

El club conservador de la guaragua

- 25 de septiembre de 2014 - 00:00

Columnista invitado

En plena campaña electoral, en el programa Vele Vele, el actual alcalde Rodas no supo responder en dónde queda la Guaragua, célebre calle del Centro Histórico quiteño, que siempre ha provocado debates sobre su origen y significado. Para algunos, guaragua es un adorno a modo de línea sinuosa arabesca o rodeo para contar o decir algo, que puede llegar a la mentira.

En un ‘tuit’ y en aparente ‘lapsus brutus’, el alcalde Rodas informaba sobre la reunión de autoridades locales opositoras en la Guaragua, para referirse a la ciudad de Guaranda, en donde se realizaba el evento. Estos deslices no han pasado desapercibidos para la afilada sal quiteña.

Que estos hechos anecdóticos nos sirvan para bautizar a los que buscan restaurar el neoliberalismo en el Ecuador de ‘Club conservador de la guaragua’. Pues sí, la membresía para ingresar a ese exclusivo club es desear el pasado neoliberal, el Estado privatizado, mínimo y desregularizado a favor de los miembros de su selecto club.

Pero cual guaragua, su discurso conservador se camufla, ahora los del ‘club de la guaragua’ navegan en un idílico mar de todos los colores, ideología mágica y retórica perfecta en beneficio de la oscuridad, ambigüedad e imprecisión. Ocultan su verdadero color político. En el reino de la apariencia, lo más profundo es la superficie.

Se aparenta defender la autonomía y la descentralización, pero los del ‘club de la guaragua’ destinados a ser toda su vida no más que líderes locales, confunden y alteran la realidad. Pero a las matemáticas no se las puede engañar. A la señora matemática no se le puede decir: ‘No cobre más impuestos, ya no nos transfiera más recursos;nosotros, los municipios, podemos valernos solos’.

Se requiere una rebelión ciudadana para exigir la completa institucionalización y eficiencia de los gobiernos autónomos descentralizados. Si en el Estado ecuatoriano existen enormes agujeros de anomia, es ahí. Esa realidad no se devela en toda su magnitud y, en el actual escenario político, los medios de comunicación, especialmente los autodenominados ‘independientes’, concentran su artillería en el Gobierno central sin mostrar la incapacidad de muchos gobiernos locales para asumir sus competencias y atender las demandas ciudadanas, aspectos que frenan o ponen trabas al desarrollo global del país. Usemos las leyes generadas en este proceso político para no tolerar a autoridades locales que no hacen bien su trabajo. Es necesario entrar en una nueva fase de transformación estatal, luego de haber reinstitucionalizado su centro de gravedad.

Las élites tradicionales no reconocen ni asumen su gestión disolutoria, su única obsesión es evitar la reconstrucción de la comunidad política nacional con un sentido redistributivo, participativo y soberano. Los del ‘club de la guaragua’, aspirantes a hombres de Estado, no son más que estados de excepción que luchan por la causa de los miembros de su club. Su treta política es: ‘Si no tienes proyecto nacional, confúndelos’.

El neoliberalismo provocó la desarticulación dramática del Estado nacional y su sistema de representación, se profundizaron fenómenos como el corporativismo y clientelismo, y esto fue utilizado como estrategia para fragmentar la acción común en todos los espacios de la vida social. En ese marco, la irracionalidad del manejo de los fondos estatales era la tónica, pero eso cambió y, al parecer, ciertos alcaldes no se han percatado de aquello. La respuesta correcta a esos personajes debe ser la revocatoria del mandato.