Paco de Lucía, el Mago del flamenco

- 10 de noviembre de 2014 - 00:00

Mito e inspiración

 

Para esos seres que creen en la enigmática voluntad de los astros, Francisco Sánchez Gómez nació entre Sagitario y Capricornio el 21 de diciembre, destinado a poseer un carácter rebelde y silencioso, sensible y apasionado, con fuertes inclinaciones para el arte.

 

Su inspiración nació en Algeciras (legado de las voces árabes Al-Djezirah al Hadra), puerto de la hermosa tierra de La Almoraima, de nombre femenino, sonoramente musulmán.

 

Una fortaleza árabe sobre la cumbre de un picacho que se alza entre los ríos Guadarranque y Horgarganta, adonde en el siglo IX había llegado un músico persa de nombre Abu-el-Hasán Alí ibn Nafi, (apodado ‘Ziryab’, que significa ‘pájaro negro’). Desde ese tiempo, el espíritu de Ziryab ha deambulado como un duende, como uno de los grandes misterios de la cultura andaluza, iluminando incluso la penumbra de la prehistoria del flamenco, un espíritu secreto del arte.

 

Paco de Lucía logró transmitir ese duende en forma inesperada, ese duende con el que solo saben batir las palmas quienes miden con gracia las embestidas del destino. Con el rasgueo de su guitarra conducía al oyente hasta el Mediterráneo, transfiguraba el espacio. Cuando Paco tocaba su guitarra era como si en la caja de resonancia habitara un animal mitológico enjaulado, una memoria ancestral que nunca dormía. Sus dedos volaban como el chasquido de castañuelas, sus dedos batían las cuerdas como alas del picaflor, eran una chispa con alas. Seguramente el duende de Ziryab deambuló siempre a su alrededor.

 

 

Años de aprendizaje

 

En su largo viaje por el mundo de la música y el espectáculo, Paco llevó siempre consigo la técnica de dos escuelas: la del Niño Ricardo (1904-1972), considerado como figura destacada de la guitarra flamenca, y la de Sabicas (1912-1990), máxima influencia en el desarrollo y perfeccionamiento del instrumento, que incluso amplió la técnica inventando la alzapúa(1) en una cuerda y el rasgueo de tres dedos; llevando a la guitarra flamenca a ser instrumento de concierto. Como compositor de categoría, Sabicas le enseñó a su pupilo Paco a crear una estructura melódica, rítmica y armónica perfectamente coherente de principio a fin.

 

Años más tarde, la madre de Paco, Lucía Gómez —desde un palco del palaciego teatro Real de Madrid— fue testigo del arte de la guitarra de su hijo, que había logrado dominar la técnica de sus maestros y empezaba a imponer su propio estilo. En el intermedio del programa, alguien exclamó en voz alta: “¡Paco, viva la madre que te parió!”. Félix Grande, en el libro Memorias del flamenco, cuenta que: “se la veía a Lucía ligeramente ruborizada pero triunfal, feliz, realizada. Entre aquella Lucía de 8 años sacando brillo a unos cristales o prendiendo un brasero de picón de canutillo y esta alegre Lucía que por primera vez pisaba las alfombras del Real, había, entre otras muchas cosas, un muchacho abrazado a una guitarra no sólo por amor a la música, sino también por el afán de que su padre esté contento”(2).

 

Paco de Lucía fue un resultado, una síntesis de la técnica del Niño Ricardo, de Sabicas y también del maestro Montoya; fue un revolucionario de la guitarra flamenca. Con su técnica impecable ideó nuevas formulaciones complementarias, creó inolvidables filigranas ornamentales que acompañaban al cante. Sus casi sanguinarias escalas, la amargura recóndita de sus trémolos y esa especie de urgente paciencia, de tensa serenidad encogida de muelles que en algunos de sus arpegios precede a un estallido de clamor, de pena y de vertiginoso consuelo, demostró que fue un auténtico genio autodidacta.

 

Expresado en términos académicos, puso el conocimiento técnico al servicio de su sensibilidad y supeditó el dominio de su guitarra Ramírez(3) al lenguaje creativo. Además, cambió la forma de sentarse para ejecutar la guitarra, cruzado de pierna con la espalda recta, desafiante, con elegancia, majo; anunció a todos los seguidores del maestro de la guitarra clásica Andrés Segovia que sí era posible cambiar esa posición dócil de espalda corva.

 

 

Paco de Lucía, universal

 

El flamenco, arte que Manuel de Falla y Federico García Lorca habían dado a conocer al mundo durante la Edad de Plata (1925-1930), había sido reducido en los años 60 del siglo pasado a la categoría de folclore nacional por la dictadura de Francisco Franco. De pronto, Paco de Lucía, un joven pobre y aventurero, hijo de la España aniquilada, lo resucitó. Después de algunas vueltas al mundo y presentaciones continuas en Europa, desde 1970 —en el festival de Barcelona— la fama empezó a sonreírle. La guitarra flamenca de Paco de Lucía fue aclamada por músicos profesionales, grandes instrumentistas, viejos y jóvenes melómanos y antiguos abonados.

 

Paco de Lucía probó con deslumbrante eficiencia su arte con aquella correlación de fuerzas que le proporcionaban otros guitarristas eminentes de acento universal —John McLaughlin, Al Di Meola, Eric Clapton y Carlos Santana—, con quienes grabó y presentó conciertos en vivo, articulando una manera de entender la poética de la guitarra flamenca absolutamente innovadora.

 

Funda su sexteto de jazz flamenco con sus hermanos Pepe y Ramón, Jorge Pardo, Carles Benavent, Rubem Dantas y Manolo Soler, y los lleva de gira por el mundo entero.

 

Graba discos como solista y en conjunto: Solo quiero caminar (1981), Zyryab (1990) con Chick Corea y Manolo Sanlúcar; Cositas buenas (2004), y participó en películas como Sevillanas (1992) de Carlos Saura.

 

La revolución formal y técnica de Paco de Lucía universalizó la maltratada música flamenca, pues como Tolstoi expresó alguna vez con otras palabras esta aventura prodigiosa: “Si quieres ser universal, pinta tu aldea”.

 

En síntesis, la guitarra flamenca, con Paco de Lucía, alcanzó un fin de trayecto, una virtud extrema que también podría llamarse situación límite. Una estricta quiromancia definía lo que se puede hacer en el brazo de la guitarra. En sus toques del flamenco la seguiriya(4) es como una conversación, los tientos(5), como quien murmura secretos y el zorongo como despeinarse en altamar en medio de una carcajada. Las bulerías, la rumba y otros toques comenzaron a sonar de otro modo. La guitarra del sur de España se fue expresando más melódica y con bajos sorprendentes. Se llenó de nervios y de síncopas, de acordes hasta entonces inéditos y también de un perfume a verdad andaluza, antigua y renovada. Paco amaba la música con tanta pasión como con honestidad la vida.

 

 

Notas

 

1.- El alzapúa es una técnica de guitarra que se ejecuta íntegramente con el pulgar. Consta de tres partes: un rasgueo hacia abajo, otro hacia arriba y el toque de una nota suelta. Este esquema se repite para crear una melodía con las notas sueltas.

 

2.- Grande, Félix (1979). Memoria del flamenco. España: Selecciones Austral, Ed. Espasa Calpe.

 

3.- Guitarra flamenca construida desde 1890 en el taller de José Ramírez I., quien fuera el maestro guitarrero más destacado de su tiempo.

 

4.- La seguiriya es uno de los palos flamencos más antiguos de los que se tiene noticia. Conforma, junto a la soleá y la bulería, la columna vertebral del cante flamenco.

 

5.- Los tientos son un palo del flamenco, estilo musical de cante y baile andaluz.

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